Literatura y Ficción
Jean Genet escribió Santa María de las Flores en 1942, en la prisión de Fresnes, y la escribió, según dice, «para hechizo de mi celda», y quizá, secretamente, para «comprobar cuál puede ser el método mejor […] para no sucumbir también al horror, llegado el momento». En este espacio embrujado del preso que espera con terror su juicio y su condena, se conjuran, pues, solo «golfos de la peor calaña», héroes «sin heroísmo alguno que les pueda conferir alguna nobleza», santos «siempre obligados a amar lo que aborrecen. Genet entró en la mitología y en la poesía del siglo xx con esta novela que aún hoy sigue siendo un referente de la vida «aparte» y de la transformación de la vergüenza en orgullo.
Adam Verver, un rico viudo norteamericano retirado de los negocios, recorre Europa con su hija Maggie comprando y coleccionando antigüedades. Cuando Maggie conoce y se enamora de Americo, un príncipe romano rico en apostura y linaje, mas no en fortuna, su padre se lo «compra», al tiempo que él mismo adquiere, para sus segundas nupcias, una atractiva, y también pobre, muchacha norteamericana, Charlotte Stant.
En Los últimos y otros relatos no dejará de sorprendernos la versatilidad de Rilke, capaz de introducirse igualmente en el mundo mágico de los cuentos de hadas que en la atmósfera opresiva de los cuadros de familia o en la perspectiva íntima del relato de formación, como en el autobiográfico «Ewald Tragy». Escenarios contemporáneos alternan con la Italia renacentista o la Bohemia de los años de la Revolución Francesa, y en todos ellos siempre hay un personaje que «quería algo que fuera diferente a vivir», aunque a veces se trate de la misma muerte.
Una de las novelas más importantes de Willa Cather, desde hace unos años descatalogada, ahora en edición de bolsillo. Una novela preciosa que nos descubre la América profunda de los colonos. Interesante por la forma en que está escrita, por quién la escribió (una mujer avanzada a su tiempo que no ocultó su condición sexual) y por lo que explica, una parte de la historia de los colonos norteamericanos.
Con una prosa espléndida, Willa Cather nos traslada al paisaje desolado de un Oeste huraño para explicarnos la historia de una mujer que, tentada por las circunstancias, pasa de ser una dama respetable a una mujer señalada por todas las habladurías que inundarán el día a día de todos los habitantes.
En Tres versiones de la vida (2001), dos matrimonios bien situados, cultos, conocedores y practicantes de las convenciones, se ven impelidos a abandonarlas en el transcurso de una cena improvisada a base de aperitivos; pero las humillaciones que se suceden pueden ser de distinto signo o podrían no serlo en absoluto: la obra ofrece, ingeniosamente, tres variaciones sobre la misma situación. En Una comedia española (2004), una chejoviana reunión familiar incluye, entre sus rutinas, secretos contados a voces y crisis de ansiedad mientras los actores que la interpretan dan su propia versión de los personajes y de lo que el autor les exige («El actor que no quiere aniquilar al escritor está jodido», dice uno de ellos). Ambas obras, que aquí presentamos en las excelentes versiones de Natalia Menéndez y Fernando Gómez Grande que se utilizaron para su estreno en España, son puro universo Yasmina Reza. Un teatro en el que los personajes, a pesar de sus pequeñeces burguesas, siempre se preguntan si la vida lleva a alguna parte, sin encontrar una respuesta que los instale en la esperanza, ni tampoco en un cómodo pesimismo.
Cásate deprisa Arrepiéntete despacio. Sophia y Charles tienen veinte años cuando se conocen en un tren. Los dos son artistas, alegres y cándidos, y al cabo de un año deciden casarse en secreto. A la boda, sin embargo, va todo el mundo, quizá un primer indicio de que no siempre sabe uno bien dónde se mete. La novia cree que el control de natalidad consiste en ponerse «muy seria» y decir: «No tendré hijos». La madre del novio cree que su hijo «es un genio y merece respeto». En el Londres bohemio de los años 30, de mudanza en mudanza, entre niños y amantes inesperados, la inocencia y la esperanza tendrán que afrontar duras pruebas. Antes de conocer a su verdadero príncipe azul, Sophia se habrá convertido en la dulce heroína de un extraño cuento de hadas, en la que el hada madrina es una pequeña herencia imprevista y el ogro adopta la forma de cortes de gas y de luz, trabajos perdidos, comidas magras y una parentela entrometida y mezquina. Y las cucharillas eran de Woolworths (1950) es la primera novela que se publica en España de Barbara Comyns, admirada por Graham Greene y Alan Hollinghurst, y constituye todo un descubrimiento. Su comicidad, su espíritu dickensiano, su inteligencia, su brillantez y su maestría narrativa conspiran para despertar el entusiasmo.
Alice vive con su madre enferma y su padre, un veterinario despótico y brutal, en una vieja casona de un oscuro barrio de Londres. Su madre muere, y el padre la reemplaza por una tabernera que no tarda en comportarse como una indecente madrastra. Alice tiene, pese a todo, un joven que la admira, Ojitos, y un don «peculiar» que le da paz pero del que no se atreve a hablar con nadie. Además, ella no quiere ser «peculiar». El libro es una obra original y conmovedora, que mezcla el realismo y la fantasía, el humor y la tragedia, y que refleja la situación de la mujer en la Inglaterra de los años 30.
Con estas «memorias» de una elegante cortesana tal vez inspirada en un personaje real, Mirza Muhammad Hadi Ruswa escribió en 1899 la primera novela en urdu (la lengua hablada entre la población musulmana del norte de la India y Paquistán). Umrao, la protagonista, cuenta cómo de niña fue raptada y vendida a un burdel, donde recibió una exquisita educación en las artes de la poesía y la danza, y cómo luego prosperó su carrera entre sultanes y nababs, bandidos y molvis, amantes y confidentes, y rodeada de otras cortesanas, algunas más hermosas que ella, algunas más «pervertidas». Cuando la juventud y los placeres ya han pasado, recuerda con dulce nostalgia lecciones de amor («Se puede querer inteligente o tontamente») aprendidas en noches de intimidad, aventuras galantes, anécdotas cómicas e historias de honor, celos y engaños.
Sobre la escritura de James Joyce ofrece una visión completa y accesible de su pensamiento literario y artístico, sus reflexiones sobre el proceso creativo, las técnicas de la narración, el mercado editorial y el papel del escritor. Y lo hace en directo, a través de su propia voz, en una magnífica selección de textos realizada por Federico Sabatini, profesor de la Universidad de Turín, autor asimismo de la introducción, y con una exquisita traducción de Pablo Sauras. Un libro lleno de perlas literarias y un buen complemento ensayístico de las obras narrativas de un gran clásico del siglo XIX.
Emma Woodhouse no es la típica heroína de Jane Austen: no es dependiente, no tiene un status y una economía precarios, y no necesita, para asegurar su futuro, cazar marido. Al contrario, es una joven «inteligente, bella y rica», que no aspira al matrimonio y que rige como por derecho natural los destinos de la pequeña comunidad de Highbury. Emma (1816) es una fulgurante comedia de equívocos, llena de ocultaciones, intrigas y errores que muchas veces inspiran vergüenza ajena, pero en la que el sentido del ridículo sirve como vehículo para el acierto, la franqueza y la sensatez. Esta traducción de Sergio Pitol se acompaña con las célebres ilustraciones de Hugh Thompson para la edición de 1896.
Escrita tras el éxito revelador de Jane Eyre, Charlotte Brontë quiso hacer algo nuevo con esta novela. Se trata de una historia de amistad entre dos mujeres rivales en el amor pero unidas en el afecto y la conciencia de su común condición oprimida, en la que se expresa el adelantado y personal feminismo de Charlotte Brontë.
Situada en una pequeña localidad de Nebraska a finales del siglo xix, Pioneros relata una historia de inmigración y supervivencia cuya figura central es Alexandra, una valiente joven que, a la muerte de su padre, se hace cargo de la familia y que, con su tesón, su inteligencia y su trabajo, consigue sacar adelante sus tierras desafiando las convenciones sociales sobre el papel de la mujer. Los colonos de Willa Cather, entre los que ella misma vivió, son emigrantes procedentes de todos los rincones de Europa, familias que luchan contra la adversidad en una tierra salvaje y un clima extremado, en su mayoría artesanos que aprenden a cultivar la tierra a través de la amarga experiencia del fracaso.
Este volumen reúne dos piezas de Jane Austen no publicadas durante su vida, Lady Susan y Los Watson, que no solo confirman sus cualidades como novelista, sino que constituyen una lectura deliciosa por derecho propio. En Lady Susan (escrita probablemente hacia 1793-94), una viuda inteligente y bella, pero con pocos escrúpulos, pretende que su hija se case con un hombre al que detesta. Ella, por su parte, quiere a un tiempo atraer los favores del hermano de su cuñada y conservar a su antiguo amante. En Los Watson (1804), primera parte de una novela incompleta, la protagonista, una joven llamada a recibir una sustanciosa herencia pero despojada de ella, se debate entre un rico pretendiente y otro con menos medios económicos.
«Bueno, intento darle a la gente lo que quiere. Es un trabajo duro.» «Lo que quiere la gente es justo lo que no se cuenta, y yo voy a contarlo.» Así define George Flack representante de la prensa, «la gran institución de nuestro tiempo» su profesión, y el papel que está determinado a desempeñar en ella. Frente a Flack, un elocuente cazador de lo que hoy llamaríamos noticias del corazón, se alza un cuadro internacional típicamente jamesiano: un rico viudo norteamericano alojado en un hotel de París con sus dos hijas, una de ellas prometida a un joven de una familia también norteamericana, pero ya tan afrancesada que «el sentido de la familia no era entre ellos una tiranía sino una religión».
Crónica personal es una hermosa, templada colección de recuerdos elaborada con la complejidad y el elevado criterio del arte novelístico conradiano, y dedicada especialmente a los acontecimientos e impresiones que se produjeron en el umbral de lo que él llamó sus «dos vidas»: la vida del mar en la que pasó veinte años y la vida de las letras a la que se consagró hasta su muerte. Magistral e impertinente, cabe situarla entre los máximos aciertos de su autor.
Una herencia inesperada cae en el tranquilo y retirado hogar de la familia Roland en Le Havre: un antiguo amigo de París, donde el señor Roland era joyero, deja toda su fortuna al menor de sus dos hijos, Jean, de veinticinco años, recién licenciado en Derecho. El mayor, Pierre, médico que aspira a instalarse y tratar a una clientela distinguida, recibe la noticia con cierto estupor, pero también con resignación. Sale a pasear y, al ver la luna salir por detrás de la ciudad, murmura: «Ahí queda eso. Y nosotros preocupándonos por cuatro cuartos». Pero esos «cuatro cuartos» que ha recibido su hermano y no él no tardarán en alterarle los nervios, en golpear su «sensibilidad», en despertar el rencor, la envidia, el odio y la vergüenza, y en empujarle a actos violentos y desesperados. Pierre y Jean (1888), que se abre con un prólogo titulado «La Novela» que es un clásico entre los textos teóricos del realismo, es uno de los grandes estudios de carácter de Maupassant, donde el personaje principal, según señalaba Italo Calvino, «renueva, de interrogante en interrogante, de acceso de ira en acceso de ira, la toma de conciencia de un Hamlet, de un Edipo».
Juicio y sentimiento es un cuadro tan hilarante como patético de las desventuras de dos hermanas casaderas relegadas -en su condición de mujeres- de la fortuna familiar. Sus tropiezos en el camino del matrimonio, a veces empujadas por la mezquindad de sus propios parientes, las alegres presiones de sus vecinos o los mismos «principios» de su carácter moral, las llevan a conocer todos los extremos que la pobreza puede ocasionar en el destino de los hombres.
Persuasión, publicada póstumamente en 1818, presenta un cuadro de familia sumamente austeniano: un viudo pomposo que sólo lee el baronetario, una hija soltera llena de pretensiones, una hija casada hipocondríaca y caprichosa, una multitud ruidosa de parientes y vecinos que aparecen por todas partes y, al fondo, en el último rincón, una heroína sensible, paciente y menospreciada. Pero Persuasión es la última novela de Jane Austen y su heroína no es ya una muchacha en trance de aprendizaje sino una mujer en su madurez. Una mujer que «había dejado atrás la edad de ruborizarse; pero no, desde luego, la de las emociones»; y que ahora, ocho años después de haber rechazado, persuadida por un mal consejo, al hombre que amaba, ve como éste reaparece en su vida, rico, honorable, pero aún despechado. Una mujer que, quizá por primera vez en la historia de la novela, debe luchar para que el amor le conceda una segunda oportunidad. Esta edición ofrece además, al lector curioso, el jugoso e inédito fragmento de la novela que Jane Austen dejó inacabada al morir, Sanditon.
El diplomático norteamericano George Darrow se dispone a reencontrarse con Anna Leath, la mujer que, catorce años antes, le abandonó para casarse con otro, ahora una rica viuda. Pero en el último momento ella aplaza la cita. Desengañado, el diplomático tiene una breve aventura en París con una muchacha ilusionada y pobre que se enamora apasionadamente de él. Unos meses después, es invitado al château de la viuda, que, después de todo, le ama y desea casarse con él; pero allí Darrow se encuentra con que la nueva niñera que tiene a toda la familia encandilada es precisamente la joven de su affaire en París.
Al terminar su formación en un hospital de Londres, el joven señor Harrison acepta un puesto de ayudante de médico rural en la pequeña ciudad de Duncombe. Y, aunque el recién llegado se fija inmediatamente en Sophy, la hija del párroco, no tardará en convertirse en el centro de una equívoca red de expectativas y decepciones que pondrá a prueba su paciencia… y también su vanidad. En Las confesiones del señor Harrison (1851) se percibe ya el interés de Elizabeth Gaskell por trazar, a su manera, una «historia de la vida doméstica en Inglaterra», como había sido intención, aunque nunca llegara a escribirla, del poeta romántico Robert Southey.
Joan Castleman, mujer de un famoso escritor norteamericano, acompaña a su marido a Helsinki, donde posiblemente le den un premio literario casi tan importante como el Nobel. Ya en el avión, el lector se entera de que pase lo que pase, después de toda una vida juntos, ha decidido dejarle. Está harta de él y de su egolatría. Al mismo tiempo empieza a rememorar cómo lo conoció en la Universidad donde era uno de sus profesores y cómo acabó casándose con él después de separarse de su mujer anterior y de una hija pequeña a las que abandonó. También ella ha tenido dos hijos con Joe, pero no se llevan bien con su padre. En un texto muy ágil, típico de Wolitzer, se van desarrollando dos temas paralelos: el triunfo literario de Joe y su pasión por las mujeres, y la frustración creciente de una mujer que, de joven, quería convertirse en una gran escritora.
Un hombre se levanta de madrugada envuelto en sudor y preocupaciones. Con esta experiencia corriente, arranca la exploración que Thom Gunn hace de la bohemia, las drogas, los ambientes gay de San Francisco y la proximidad aterradora del sida, que retrata como una insidiosa peste que se aproxima despacio para vaciar la vida de amigos, amantes y conocidos. Celebrado desde su primer libro como un poeta a la altura de Philip Larkin y Ted Hughes, Gunn encontró en la crónica de la contracultura amenazada por el sida el inesperado y poderoso tema de la que está considerada unánimente su obra maestra: El hombre con sudores nocturnos. Un libro donde puso sus variados talentos al servicio de poemas sobre la fragilidad, la enfermedad y la muerte, pero también de su reverso: los cuidados, las múltiples variaciones del amor y la lealtad.
Martin Boyne ha decidido poner fin a su vida nómada de ingeniero y compartir la madurez al lado de Rose Sellars, la mujer de la que se enamoró en su juventud y que ahora es una respetable viuda instalada en Europa. En el barco que debe conducirlo a ella, Boyne se encuentra con los hijos de unos viejos amigos, los Wheater: una animada prole de siete niños, producto de distintos matrimonios y distintos divorcios, que ha jurado encontrar «un hogar cálido y estable» y permanecer unida. Boyne cae subyugado por el ímpetu de Judith y casi sin querer se encuentra tutelando sus tremendos planes. Los niños pertenece al ciclo final de las novelas de Edith Wharton: tenía casi setenta años cuando la publicó en 1928. Fue uno de sus mayores best sellers y una de sus obras maestras.
Fondeado en el puerto de Santa María, una pequeña isla frente a la costa de Chile, el capitán Amasa Delano, al mando del buque mercante estadounidense Bachelor’s Delight, divisa un barco que parece estar en apuros. Al acercarse, ve que se trata de un mercante español, el Santo Domingo, «dedicado al transporte de negros», y comprueba que, en efecto, ha pasado muchas calamidades: después de una serie de tormentas al pasar el cabo de Hornos, ha estado a punto de naufragar, el escorbuto y la fiebre han acabado con un gran número de oficiales, y apenas tiene comida y agua. Así se lo cuenta el capitán, don Benito Cereno, pálido, enfermo y con ciertos indicios de «trastorno mental». Hay, sin embargo, otros indicios de que la situación es aún más anómala de lo que parece.
Bella Winter tiene una cicatriz en la cara a raíz de un accidente de coche; conducía su novio, un tipo tacaño que no la apreciaba. Embarazada de un inmigrante al que conoció en una fiesta en un piso cochambroso de Bayswater y nunca más volvió a ver, tiene ahora una niña de meses negra, que oculta a su madre, una mujer que nunca parece haberla querido. Pero encuentra un trabajo que le encanta en una pequeña tienda de antigüedades en Richmond, hace nuevos amigos y empieza a tener la sensación de que la vida al fin le sonríe. El pasado, cómo no, vuelve, pero tal vez en condiciones que permitan reconciliarse con él; y el presente abre nuevos horizontes, quizá engañosos pero en principio muy felices.
La poesía estalla en las redes como una nueva manera de comunicarse y se socializa en las letras de canciones. Es así porque el lenguaje poético es un modo de emprender un viaje hacia las emociones y los sentimientos o de decir cosas distintas con las palabras de todos los días. En este sentido, este libro te ofrece métodos, técnicas y secretos para componer poemas y letras de canciones de los más diversos géneros; presenta los traspasos de la música a la poesía, los cruces con la narrativa y el cine. Te permite «entrar» a la cocina de los poetas y de los cantautores, practicar sus mejores claves y conocer los problemas principales del poeta para lograr el poema que pretende. Cada parte, de las diez que lo componen, es un hito revelador, un momento especial del itinerario en el que cada poema y cada canción animan el viaje.
En 1843, después de tres años en los mares del sur, Melville se enroló en la fragata United States y volvió a América. Un año de travesía sometido a la dura disciplina naval le proporcionó el material de Chaqueta Blanca (1850), un libro hermoso y complejo, mezcla de novela, erudición y reportaje, cuyo subtítulo, El mundo en un buque de guerra, anticipa igualmente su peculiar, intensa y muy melvilleana dimensión alegórica. De las bodegas a las gavias, de las rutinas de limpieza o rancho a las vergonzosas prácticas de flagelación, del tormentoso paso del cabo de Hornos a una calma chicha en el ecuador, el narrador de este viaje no deja rincón sin escudriñar, episodio sin relatar, oficio sin describir.
Pompas fúnebres (1947) es la tercera novela de Jean Genet y la primera que escribió fuera de la cárcel, con la intención expresa de rendir homenaje a su joven amante Jean Decairn, combatiente de la Resistencia muerto en las barricadas de París en los días de la liberación». Pero, si ésta es la «meta confesada», el libro tal vez tenga, declara su autor, «otras muchas secundarias más imprevisibles». Pues ¿adónde puede conducir el duelo cuando, para retener al amante asesinado, para que siga viviendo dentro de quien lo llora, deban ofrecerse a su memoria las «historias monstruosas» de sus asesinos?
Marta Salís ha seleccionado 65 relatos de ficción del género de la literatura de viajes, una de las más antiguas del mundo, que ilustran el interés y la fas¬cinación que el viaje ha ejercido sobre la imagina¬ción de los escritores, y cómo les ha servido de ins¬piración para tratar multitud de temas. Ordenados cronológicamente, y con una gran variedad de es¬tilos y de tonos, proceden de distintas tradiciones occidentales y cubren casi tres siglos, planteando el género desde perspectivas muy diferentes: via¬jes fantásticos, abismales, de descubrimiento, de redención, por necesidad; y también el medio es de lo más variado: a pie, en burro, en diligencia, en barco, en tren, en canoa, en coche, en avión, en nave espacial… Los protagonistas son aventureros, turistas, emigrantes, fugitivos, exploradores, peregrinos, refugiados de guerra e incluso algún héroe mitológico, todos ellos inmersos en el revuelo de los preparativos, la angustia de la partida, el dolor del desarraigo, el azar de los encuentros y el deseo de una vida mejor.
Goethe desempeña en la literatura alemana el mismo papel que Shakespeare en la inglesa o Cervantes en la española: es un precursor, un centro y una fuente ininterrumpida de inspiración para las nuevas generaciones. Pero, como también sucede con Shakespeare y Cervantes, Goethe es algo más que un escritor para alemanes, la excelencia de su estilo viaja bien al castellano, y sus obras le ofrecen al lector de cualquier país del mundo una indagación original y profunda sobre la naturaleza humana y su desarrollo vital. Presentamos una panorámica de lo mejor de una trayectoria que abarca décadas: del apasionamiento romántico de sus primeros poemas al intento de escribir una poesía «universal» que fusionase Oriente con Occidente, pasando por su periodo italiano, colmado de una sabiduría de sabor clásico.
En 1871 Zola inició la magnífica saga de Los Rougon- Macquart. La primera de las novelas establece los orígenes de la familia, la rama legítima (los Rougon) y la ilegítima (los Macquart), en una pequeña ciudad provenzal, Plassans, inspirada en Aix-en-Provence. Los preparativos del golpe de Estado de Luis Napoleón y su victoria final sirven de medio para las ambiciones y el ascenso de los Rougon y suponen el silenciamiento de los Macquart, uno de cuyos miembros, el joven e idealista Silvére, es el único en guardar fidelidad a la República.
