Clásicos de Ficción

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Cásate deprisa Arrepiéntete despacio. Sophia y Charles tienen veinte años cuando se conocen en un tren. Los dos son artistas, alegres y cándidos, y al cabo de un año deciden casarse en secreto. A la boda, sin embargo, va todo el mundo, quizá un primer indicio de que no siempre sabe uno bien dónde se mete. La novia cree que el control de natalidad consiste en ponerse «muy seria» y decir: «No tendré hijos». La madre del novio cree que su hijo «es un genio y merece respeto». En el Londres bohemio de los años 30, de mudanza en mudanza, entre niños y amantes inesperados, la inocencia y la esperanza tendrán que afrontar duras pruebas. Antes de conocer a su verdadero príncipe azul, Sophia se habrá convertido en la dulce heroína de un extraño cuento de hadas, en la que el hada madrina es una pequeña herencia imprevista y el ogro adopta la forma de cortes de gas y de luz, trabajos perdidos, comidas magras y una parentela entrometida y mezquina. Y las cucharillas eran de Woolworths (1950) es la primera novela que se publica en España de Barbara Comyns, admirada por Graham Greene y Alan Hollinghurst, y constituye todo un descubrimiento. Su comicidad, su espíritu dickensiano, su inteligencia, su brillantez y su maestría narrativa conspiran para despertar el entusiasmo.

Alice vive con su madre enferma y su padre, un veterinario despótico y brutal, en una vieja casona de un oscuro barrio de Londres. Su madre muere, y el padre la reemplaza por una tabernera que no tarda en comportarse como una indecente madrastra. Alice tiene, pese a todo, un joven que la admira, Ojitos, y un don «peculiar» que le da paz pero del que no se atreve a hablar con nadie. Además, ella no quiere ser «peculiar». El libro es una obra original y conmovedora, que mezcla el realismo y la fantasía, el humor y la tragedia, y que refleja la situación de la mujer en la Inglaterra de los años 30.

Con estas «memorias» de una elegante cortesana –tal vez inspirada en un personaje real–, Mirza Muhammad Hadi Ruswa escribió en 1899 la primera novela en urdu (la lengua hablada entre la población musulmana del norte de la India y Paquistán). Umrao, la protagonista, cuenta cómo de niña fue raptada y vendida a un burdel, donde recibió una exquisita educación en las artes de la poesía y la danza, y cómo luego prosperó su carrera entre sultanes y nababs, bandidos y molvis, amantes y confidentes, y rodeada de otras cortesanas, algunas más hermosas que ella, algunas más «pervertidas». Cuando la juventud y los placeres ya han pasado, recuerda con dulce nostalgia lecciones de amor («Se puede querer inteligente o tontamente») aprendidas en noches de intimidad, aventuras galantes, anécdotas cómicas e historias de honor, celos y engaños.

Emma Woodhouse no es la típica heroína de Jane Austen: no es dependiente, no tiene un status y una economía precarios, y no necesita, para asegurar su futuro, cazar marido. Al contrario, es una joven «inteligente, bella y rica», que no aspira al matrimonio y que rige como por derecho natural los destinos de la pequeña comunidad de Highbury. Emma (1816) es una fulgurante comedia de equívocos, llena de ocultaciones, intrigas y errores que muchas veces ins­piran vergüenza ajena, pero en la que el sentido del ridículo sirve como vehículo para el acierto, la franqueza y la sensatez. Esta traducción de Sergio Pitol se acompaña con las célebres ilustraciones de Hugh Thompson para la edición de 1896.

Escrita tras el éxito revelador de Jane Eyre, Charlotte Brontë quiso hacer algo nuevo con esta novela. Se trata de una historia de amistad entre dos mujeres rivales en el amor pero unidas en el afecto y la conciencia de su común condición oprimida, en la que se expresa el adelantado y personal feminismo de Charlotte Brontë.

Situada en una pequeña localidad de Nebraska a finales del siglo xix, Pioneros relata una historia de inmigración y supervivencia cuya figura central es Alexandra, una valiente joven que, a la muerte de su padre, se hace cargo de la familia y que, con su tesón, su inteligencia y su trabajo, consigue sacar adelante sus tierras desafiando las convenciones sociales sobre el papel de la mujer. Los colonos de Willa Cather, entre los que ella misma vivió, son emigrantes procedentes de todos los rincones de Europa, familias que luchan contra la adversidad en una tierra salvaje y un clima extremado, en su mayoría artesanos que aprenden a cultivar la tierra a través de la amarga experiencia del fracaso.

Este volumen reúne dos piezas de Jane Austen no publicadas durante su vida, Lady Susan y Los Watson, que no solo confirman sus cualidades como novelista, sino que constituyen una lectura deliciosa por derecho propio. En Lady Susan (escrita probablemente hacia 1793-94), una viuda inteligente y bella, pero con pocos escrúpulos, pretende que su hija se case con un hombre al que detesta. Ella, por su parte, quiere a un tiempo atraer los favores del hermano de su cuñada y conservar a su antiguo amante. En Los Watson (1804), primera parte de una novela incompleta, la protagonista, una joven llamada a recibir una sustanciosa herencia pero despojada de ella, se debate entre un rico pretendiente y otro con menos medios económicos.

«Bueno, intento darle a la gente lo que quiere. Es un trabajo duro.» «Lo que quiere la gente es justo lo que no se cuenta, y yo voy a contarlo.» Así define George Flack —representante de la prensa, «la gran institución de nuestro tiempo»— su profesión, y el papel que está determinado a desempeñar en ella. Frente a Flack, un elocuente cazador de lo que hoy llamaríamos noticias del corazón, se alza un cuadro internacional típicamente jamesiano: un rico viudo norteamericano alojado en un hotel de París con sus dos hijas, una de ellas prometida a un joven de una familia también norteamericana, pero ya tan afrancesada que «el sentido de la familia no era entre ellos una tiranía sino una religión».

Crónica personal es una hermosa, templada colección de recuerdos elaborada con la complejidad y el elevado criterio del arte novelístico conradiano, y dedicada especialmente a los acontecimientos e impresiones que se produjeron en el umbral de lo que él llamó sus «dos vidas»: la vida del mar en la que pasó veinte años y la vida de las letras a la que se consagró hasta su muerte. Magistral e impertinente, cabe situarla entre los máximos aciertos de su autor.

Una herencia inesperada cae en el tranquilo y retirado hogar de la familia Roland en Le Havre: un antiguo amigo de París, donde el señor Roland era joyero, deja toda su fortuna al menor de sus dos hijos, Jean, de veinticinco años, recién licenciado en Derecho. El mayor, Pierre, médico que aspira a instalarse y tratar a una clientela distinguida, recibe la noticia con cierto estupor, pero también con resignación. Sale a pasear y, al ver la luna salir por detrás de la ciudad, murmura: «Ahí queda eso. Y nosotros preocupándonos por cuatro cuartos». Pero esos «cuatro cuartos» que ha recibido su hermano y no él no tardarán en alterarle los nervios, en golpear su «sensibilidad», en despertar el rencor, la envidia, el odio y la vergüenza, y en empujarle a actos violentos y desesperados. Pierre y Jean (1888), que se abre con un prólogo titulado «La Novela» que es un clásico entre los textos teóricos del realismo, es uno de los grandes estudios de carácter de Maupassant, donde el personaje principal, según señalaba Italo Calvino, «renueva, de interrogante en interrogante, de acceso de ira en acceso de ira, la toma de conciencia de un Hamlet, de un Edipo».

Juicio y sentimiento es un cuadro tan hilarante como patético de las desventuras de dos hermanas casaderas relegadas -en su condición de mujeres- de la fortuna familiar. Sus tropiezos en el camino del matrimonio, a veces empujadas por la mezquindad de sus propios parientes, las alegres presiones de sus vecinos o los mismos «principios» de su carácter moral, las llevan a conocer todos los extremos que la pobreza puede ocasionar en el destino de los hombres.

El diplomático norteamericano George Darrow se dispone a reencontrarse con Anna Leath, la mujer que, catorce años antes, le abandonó para casarse con otro, ahora una rica viuda. Pero en el último momento ella aplaza la cita. Desengañado, el diplomático tiene una breve aventura en París con una muchacha ilusionada y pobre que se enamora apasionadamente de él. Unos meses después, es invitado al château de la viuda, que, después de todo, le ama y desea casarse con él; pero allí Darrow se encuentra con que la nueva niñera que tiene a toda la familia encandilada es precisamente la joven de su affaire en París.

Al terminar su formación en un hospital de Londres, el joven señor Harrison acepta un puesto de ayudante de médico rural en la pequeña ciudad de Duncombe. Y, aunque el recién llegado se fija inmediatamente en Sophy, la hija del párroco, no tardará en convertirse en el centro de una equívoca red de expectativas y decepciones que pondrá a prueba su paciencia… y también su vanidad. En Las confesiones del señor Harrison (1851) se percibe ya el interés de Elizabeth Gaskell por trazar, a su manera, una «historia de la vida doméstica en Inglaterra», como había sido intención, aunque nunca llegara a escribirla, del poeta romántico Robert Southey.

Martin Boyne ha decidido poner fin a su vida nómada de ingeniero y compartir la madurez al lado de Rose Sellars, la mujer de la que se enamoró en su juventud y que ahora es una respetable viuda instalada en Europa. En el barco que debe conducirlo a ella, Boyne se encuentra con los hijos de unos viejos amigos, los Wheater: una animada prole de siete niños, producto de distintos matrimonios y distintos divorcios, que ha jurado encontrar «un hogar cálido y estable» y permanecer unida. Boyne cae subyugado por el ímpetu de Judith y casi sin querer se encuentra tutelando sus tremendos planes. Los niños pertenece al ciclo final de las novelas de Edith Wharton: tenía casi setenta años cuando la publicó en 1928. Fue uno de sus mayores best sellers y una de sus obras maestras.

Fondeado en el puerto de Santa María, una pequeña isla frente a la costa de Chile, el capitán Amasa Delano, al mando del buque mercante estadounidense Bachelor’s Delight, divisa un barco que parece estar en apuros. Al acercarse, ve que se trata de un mercante español, el Santo Domingo, «dedicado al transporte de negros», y comprueba que, en efecto, ha pasado muchas calamidades: después de una serie de tormentas al pasar el cabo de Hornos, ha estado a punto de naufragar, el escorbuto y la fiebre han acabado con un gran número de oficiales, y apenas tiene comida y agua. Así se lo cuenta el capitán, don Benito Cereno, pálido, enfermo y con ciertos indicios de «trastorno mental». Hay, sin embargo, otros indicios de que la situación es aún más anómala de lo que parece.

Bella Winter tiene una cicatriz en la cara a raíz de un accidente de coche; conducía su novio, un tipo tacaño que no la apreciaba. Embarazada de un inmigrante al que conoció en una fiesta en un piso cochambroso de Bayswater y nunca más volvió a ver, tiene ahora una niña de meses negra, que oculta a su madre, una mujer que nunca parece haberla querido. Pero encuentra un trabajo que le encanta en una pequeña tienda de antigüedades en Richmond, hace nuevos amigos y empieza a tener la sensación de que la vida al fin le sonríe. El pasado, cómo no, vuelve, pero tal vez en condiciones que permitan reconciliarse con él; y el presente abre nuevos horizontes, quizá engañosos pero en principio muy felices.

En 1843, después de tres años en los mares del sur, Melville se enroló en la fragata United States y volvió a América. Un año de travesía sometido a la dura disciplina naval le proporcionó el material de Chaqueta Blanca (1850), un libro hermoso y complejo, mezcla de novela, erudición y reportaje, cuyo subtítulo, El mundo en un buque de guerra, anticipa igualmente su peculiar, intensa y muy melvilleana dimensión alegórica. De las bodegas a las gavias, de las rutinas de limpieza o rancho a las vergonzosas prácticas de flagelación, del tormentoso paso del cabo de Hornos a una calma chicha en el ecuador, el narrador de este viaje no deja rincón sin escudriñar, episodio sin relatar, oficio sin describir.

Pompas fúnebres (1947) es la tercera novela de Jean Genet y la primera que escribió fuera de la cárcel, con la intención expresa de rendir homenaje a su joven amante Jean Decairn, combatiente de la Resistencia muerto en las barricadas de París en los días de la liberación». Pero, si ésta es la «meta confesada», el libro tal vez tenga, declara su autor, «otras muchas secundarias más imprevisibles». Pues ¿adónde puede conducir el duelo cuando, para retener al amante asesinado, para que siga viviendo dentro de quien lo llora, deban ofrecerse a su memoria las «historias monstruosas» de sus asesinos?

Marta Salís ha seleccionado 65 relatos de ficción del género de la literatura de viajes, una de las más antiguas del mundo, que ilustran el interés y la fas¬cinación que el viaje ha ejercido sobre la imagina¬ción de los escritores, y cómo les ha servido de ins¬piración para tratar multitud de temas. Ordenados cronológicamente, y con una gran variedad de es¬tilos y de tonos, proceden de distintas tradiciones occidentales y cubren casi tres siglos, planteando el género desde perspectivas muy diferentes: via¬jes fantásticos, abismales, de descubrimiento, de redención, por necesidad; y también el medio es de lo más variado: a pie, en burro, en diligencia, en barco, en tren, en canoa, en coche, en avión, en nave espacial… Los protagonistas son aventureros, turistas, emigrantes, fugitivos, exploradores, peregrinos, refugiados de guerra e incluso algún héroe mitológico, todos ellos inmersos en el revuelo de los preparativos, la angustia de la partida, el dolor del desarraigo, el azar de los encuentros y el deseo de una vida mejor.

En 1871 Zola inició la magnífica saga de Los Rougon- Macquart. La primera de las novelas establece los orígenes de la familia, la rama legítima (los Rougon) y la ilegítima (los Macquart), en una pequeña ciudad provenzal, Plassans, inspirada en Aix-en-Provence. Los preparativos del golpe de Estado de Luis Napoleón y su victoria final sirven de medio para las ambiciones y el ascenso de los Rougon y suponen el silenciamiento de los Macquart, uno de cuyos miembros, el joven e idealista Silvére, es el único en guardar fidelidad a la República.

Adah, del pueblo de los igbo, «era una niña que había nacido cuando todos esperaban y predecían un niño. Por eso, como fue una gran decepción para sus padres, para la familia más cercana y para la tribu, nadie se acordó de registrar su nacimiento». Ya casada antes de los dieciocho años, convence a su marido para que estudie contabilidad en Londres. Embarazada del quinto hijo, decide dejarlo, harta de los malos tratos y después de que él haya quemado el manuscrito de una novela que ella ha escrito. Prácticamente todos los detalles de Ciudadana de segunda (1974) coinciden con los de la vida de su autora, Buchi Emecheta, que llegaría a ser considerada la primera gran novelista negra de la Gran Bretaña de posguerra. Adah es «ciudadana de segunda» por partida doble: mujer y negra. La emigración y el racismo son temas fundamentales de la novela, pero siempre relacionados con el machismo dentro de las familias africanas inmigrantes.

Cyril Graham, un joven erudito y actor aficionado, está convencido de que detrás de las iniciales «W. H.» que figuran en la dedicatoria de los Sonetos de Shakespeare no se esconde, como la crítica daba por supuesto, William Herbert, conde de Pembroke, sino un joven actor de la compañía del poeta, y de quién este al parecer se había enamorado, llamado Willie Hugues. Como prueba de su teoría, aporta un misterioso retrato del joven Hugues con la mano posada sobre una edición de los Sonetos; pero pronto se descubre que el cuadro es una falsificación, lo cual le empuja al suicidio.

A los veintiocho años, la lectura de La comedia humana condujo a Émile Zola a concebir el proyecto del ciclo novelístico de Los Rougon-Macquart iniciándolo con dos novelas: La fortuna de los Rougon y La jauría. En esta última, ambientada en el París de la revolución urbanística del barón Haussmann, Aristide Rougon triunfa en la especulación inmobiliaria y su hijo Maxime, un joven Narciso, se convierte en un galán de moda. A su lado, sólo Renée, la madrastra de Maxime, que revive en sus amores incestuosos la tragedia de Fedra, comprenderá el mito del dinero y su cáustico efecto de hastío y deshumanización.

Zola centró en Les Halles, el Mercado Central de París –«una tímida revelación del siglo xx»–, la acción de la tercera novela del ciclo de Los Rougon-Macquart. En ella Lisa, una Macquart, próspera y rolliza propietaria de una charcutería, hospeda inopinadamente a su cuñado Florent, prófugo del penal de Cayena, convicto por sus actividades republicanas. El vientre de París (1873) combina la visión exuberante de un «París atiborrado», con mil olores y colores, con una trama de noble ingenuidad revolucionaria, traicionada por las intrigas y bribonadas de «las personas decentes».

Con La conquista de Plassans (1874), la cuarta novela del ciclo, Zola vuelve al lugar de origen de los Rougon-Macquart. Aquí, en la engañosa tranquilidad de la provincia, descrita con un ojo agudísimo y sarcástico, es un matrimonio entre primos de las dos ramas de la familia, Marthe Rougon y François Mouret, quien va a hospedar a un inquilino no menos sospechoso: un extraño sacerdote, sucio y pagado de sí mismo, que en poco tiempo se dispone a regir los destinos de Plassans y a influir en las decisiones de sus ciudadanos. El matrimonio verá poco a poco cómo no sólo su casa y su ciudad dejan de ser suyos, sino cómo ellos mismos son desposeídos de su personalidad, abocados al éxtasis y a la locura.

En 1912, Joseph Conrad reunió en un volumen que tituló Entre tierra y mar tres largos relatos que había escrito y publicado con anterioridad y cuyo nexo de unión, aparte de los mares del Índico, era «el carácter, la visión y el sentimiento de los primeros veinte años que fui independiente en mi vida». La colección tuvo un gran éxito, y los títulos que la componen no dejaron de ser, desde entonces, continuamente reeditados: «Una sonrisa de la fortuna» es la historia de un negocio feliz. «Quien compartió en secreto» trata el tema del doble. Y «Freya, la de las Siete Islas» constituye tal vez una de las historias más graves y desoladoras surgidas de la imaginación de Conrad.

A mediados del siglo XIX, cuando las nuevas clases emergentes ya empezaban a mudarse al norte de Manhattan, un rico y prestigioso médico neoyorquino se construye una casa en Washington Square. Es una «casa bonita, moderna», con terraza y porche de mármol. A ella se traslada a vivir en compañía de su hermana, una viuda romántica y sentimental, amiga de los secretos, y de su única hija Catherine, que a los veinticinco años no ha conseguido ser, según su padre, ni hermosa ni inteligente. A Catherine le corresponde, sin embargo, una herencia considerable, y cuando en su vida aparece un joven guapo y encantador, aunque sin oficio ni beneficio, el doctor no duda de que no puede sentirse atraído por ninguna cualidad de su hija que no sea el dinero.

Este volumen reúne sesenta cuentos de Chéjov cuidadosamente seleccionados y traducidos por Víctor Gallego con la intención de que el lector español disponga de una antología extensa y representativa de la narrativa breve del gran escritor ruso. Prescindiendo de las novelas cortas, ofrece una panorámica amplia -y en muchas ocasiones inédita en nuestra lengua- del cuento chejoviano, desde las implacables piezas humorísticas de sus primeros años hasta las complejas composiciones de su última época, en un arco cronológico que abarca de 1883 a 1902. Chéjov buscaba transmitir, reproducir la fluidez acaso sin rumbo de la vida, no solo pintando estados de ánimo, sino siendo capaz de crearlos en el lector. Tal vez sea este el secreto que desde el principio ambicionaron sus contemporáneos y luego sus seguidores, de Katharine Mansfield a Raymond Carver, y la razón de la vigencia de su estilo, aún hoy emulado.

«Compuesta a lo largo de más de cuatro décadas, la narrativa breve de Julio Ramón Ribeyro despliega una variedad de registros que abarcan el ámbito de lo fantástico, lo social, lo filosófico, así como la memoria introspectiva que evoca su juventud europea y su infancia miraflorina. Aunque muchos de sus personajes son víctimas de la desilusión o el fracaso -una de las marcas de su imaginario-, lo cierto es que sus cuentos trascienden el tópico de la derrota y recrean el complejo caudal de la experiencia humana. Este volumenreúne la totalidad de su producción cuentística. Noventa y cinco relatos que revelan a un artista dotado para realzar el minúsculoresplandor de unas vidas confinadas a la imposibilidad. Fiel a la poética del fragmento y la periferia, que lo mantuvo al margen delboom narrativo latinoamericano, el autor peruano supo narrar con compasiva ironía el destino de los seres tocados por la frustración, la decadencia y el misterio, y extraer de esa materia sensible una forma de inigualable belleza. Con los años, la obra de Julio Ramón Ribeyro no ha hecho sino crecer en lectores y admiración. Estas páginas confirman el lugar privilegiado que ocupa su nombre entre los maestros de la prosa breve de todos los tiempos. «

««Contranovela», «crónica de una locura», «el agujero negro de un enorme embudo», «un feroz sacudón por las solapas», «un grito de alerta», «una especie de bomba atómica», «una llamada al desorden necesario», «una gigantesca humorada», «un balbuceo»… Con estas y otras expresiones se aludió a Rayuela, la novela que Julio Cortázar comenzó a soñar en 1958, se publicó en 1963 y a partir de entonces cambió la historia de la literatura y agitó la vida de miles de jóvenes en todo el mundo. Plena de ambición literaria y vital, renovadora de las herramientas narrativas, destructora de lo establecido y buscadora de la raíz de la poesía, durante todas estas décadas Rayuela siguió siendo leída con curiosidad, asombro, interés o devoción.»

Publicada a expensas del autor en 1923, «La conciencia de Zeno» es una de las novelas más representativas de la literatura del siglo XX. Elogiada en su día por James Joyce, el triestino Italo Svevo (1861-1928) aúna en ella (con el sustrato de Sigmund Freud y de la concepción pesimista del mundo de Arthur Schopenhauer) la introspección minuciosa y la expresión de la abulia y la inadaptación del sujeto situado en la encrucijada entre dos épocas y que parecía haber culminado en la carnicería de la Gran Guerra. El protagonista del relato, Zeno Cosini, en quien se transparentan por momentos rasgos del autor, es la personificación del individuo superado por la existencia e incapaz de remontarla, sumido en la familia y la sociedad como realidades grises y enrarecidas que impone la mezquina vida cotidiana. Traducción de Pepa Linares.

Considerada una de las obras maestras de Henry James (1843-1916), «El retrato de una dama» —una «historia sencilla»— gira en torno a la joven e inteligente, a la vez que presuntuosa, Isabel Archer, quien se ve obligada a trasladarse a Inglaterra desde su Estados Unidos natal. Una vez allí, establece distintas relaciones con otros americanos trasplantados, así como con la sociedad británica. La belleza y distinción de las que hace gala no pasan inadvertidas y son varios y de distinta laya los que la pretenden. Su elección final la llevará, paradójicamente, a poner de manifiesto toda su grandeza. La armonía y ligereza de la composición, la corriente soterrada de misterio y el carácter atractivo de la historia que se cuenta hacen de esta obra en de los grandes monumentos literarios de la narrativa anglosajona.