Literatura y Ficción
¿Puede separarse la memoria de la imaginación? ¿No es toda historia individual una forma de historia social? José Ovejero usa esas dos preguntas para construir un mundo a la vez propio y ajeno, autobiografía y ficción, sin que los límites estén siempre claros. Mientras estamos muertos cuenta la historia de una familia de clase obrera que va progresando en los años opresivos del tardofranquismo. El hijo, convertido en experto en fugas, como todos los animales con los que crece, narra la vida familiar a veces como historia de terror, a veces como comedia. Con una mirada original que rompe las convenciones del género, Ovejero habla de tensiones familiares, de violencias silenciosas, del deseo de escapar a las limitaciones de clase, y también de amor, creando un juego de espejos en el que no se refleja tanto el autor como el lector.
Hay libros en los que es mejor no abrir una grieta en la noche. Este es uno de ellos. Asomarse puede ser caer al vacío, donde las familias no son espacios seguros, las calles acaban siendo un bucle, las pesadillas regresan para recordarnos por qué están aquí y ni siquiera los vínculos fraternales se conocen a profundidad. Asomarse es estar delante de una fabuladora extraordinaria, una revolución en la escritura mexicana, encendida por veladoras y pirotecnias, alimentada de golpes de boxeo y dentelladas felinas, poblada de desaparecidas, narco satánicos o amantes. Si leer es siempre precipitarse, leer a Laura Baeza es sumergirse al mismo tiempo en el vacío y en la oscuridad. Abrir una grieta bajo los pies.
Por obras tan rotundas como El amante de Lady Chatterley o El arco iris, David Herbert Lawrence (1885-1930) no solo pasó a la historia de la literatura, sino que lo hizo como un provocador e incómodo crítico de la sociedad, pero también –y en ocasiones de forma injusta– como un autor erótico, decididamente obsceno al que había que leer a escondidas. El conjunto de su narrativa breve, sin embargo, viene a demostrar que la literatura de Lawrence podía ser tan compleja y variada como lo fue su autor –poliédrico, dinámico, puro instinto, arrebato y pasión–, y despertar la admiración de autores como Ezra Pound, Ford Maddox Ford, E. M. Foster, Anthony Burgess o Aldous Huxley. Esta edición en dos volúmenes de sus Cuentos completos –reunidos por primera vez en nuestra lengua, con la impecable traducción de Amelia Pérez de Villar– dará cuenta de ello y proporcionará una nueva lectura de Lawrence. En la primera entrega, que abarca de 1907 a 1913, encontramos no solo algunos de sus mejores cuentos de juventud como «Una media blanca», «Un amante moderno» o uno de sus relatos más laureados, «El aroma de los crisantemos», sino también al escritor que ya había irrumpido con Hijos y amantes o preparado la publicación del libro de cuentos El oficial prusiano. Muchos Lawrence en un solo Lawrence.
Noches estrelladas y huellas en la nieve, horizontes en llamas y barcos altos sobre espumas, farolas amarillas y ángeles de paso, cenizas luminosas y vidrieras encendidas, pálidas sirenas y trenes de vapor, naranjas escarchadas y una campanilla de oro latiendo en los oídos, fuegos que se animan con palabras y palabras que sostiene el fuego para soñar… Herencias del invierno que en estas fábulas navideñas llevarán al lector a perderse en un calendario sin edad, sin otro tiempo que el de la inocencia para aceptar lo maravilloso con la franqueza de un niño que, en la cocina de su casa, espera la llegada de un astrónomo a lomos de un camello. Todo esto nos llega, en forma de regalo especial, gracias el estilo cuidadísimo y hermoso de Pablo Andrés Escapa, quien, después de tres celebrados libros de cuentos, el Premio de la Crítica de Castilla y León y el reconocimiento de muchísimos lectores, ha decidido no solo perpetuar una gran tradición literaria, sino reunir sus mejores cuentos, encuadernados entre oro y nieve.
¿Cómo enfrentamos las pérdidas que marcan nuestras vidas? En ‘Tres maneras de decir adiós’, Clara Obligado teje una historia íntima y conmovedora sobre el amor, la ausencia y la memoria. A través de tres generaciones, este libro explora cómo el pasado nos define y cómo aprendemos a despedirnos para seguir adelante. Una novela emotiva y reflexiva que te invita a mirar dentro de ti y que encierra una honda reflexión sobre escribir y escribirse, que dibuja con destreza un tríptico apasionante y conmovedor.
Esta selección de relatos sacados de los ocho volúmenes originales de la gigantesca colección de Cuentos populares rusos (1855-1863) de Alexandr Nikoláievich Afanásiev conducirá al lector a un mundo de princesas encantadas, héroes sobrehumanos, ayudantes mágicos, caballos habladores, brujas de pata de palo, duendes, demonios y tesoros, ingenuos campesinos y mujeres encantadas, islas maravillosas y cuevas infernales, que conserva toda la magia de los mitos ancestrales y de las creencias rurales de la vieja Rusia. La traducción ha procurado mantener el ritmo violento, los deslumbrantes giros propios, la expresión inimitable del registro popular ruso, para poner con todo su sabor y atractivo, al alcance del lector en español, una colección de cuentos populares que sólo es comparable, por su calidad y abundancia, con Las mil y una noches orientales o con los Cuentos de los hermanos Grimm. Y que, como ellos, se ha convertido por derecho propio en una de las cumbres más perdurables de la literatura universal. «Los Cuentos populares rusos de Alexandr Nikoláievich Afanásiev siguen siendo considerados, en la actualidad, como una de las colecciones de cuentos más clásicas e importantes de las que han sido publicadas a lo largo de la historia. Pero estos Cuentos no han pasado a la historia sólo por su importancia intrínseca, sino también porque constituyeron la base para que, en las décadas centrales del siglo xx, el gran folclorista ruso Vladímir Jákovlevic Propp (1895-1970), en obras tan importantes como la Morfologija skazki (Morfología del cuento), de 1928, o las Istorieskie korni volebnoj skazki (Las raíces históricas del cuento), de 1946, pudiera desarrollar algunas de las teorías más interesantes e innovadoras (y polémicas), las que conforman el método llamado formalista-estructuralista, que sobre el cuento folclórico vieron la luz a lo largo del siglo xx. »No es fácil traducir el estilo, los matices, el ritmo, la música, del registro oral, especialmente del cuentístico, ruso. Nuestra versión ha procurado ajustarse al máximo a la letra del original, sin cortes, adornos ni añadidos. Hemos procurado, en todo momento, y del modo más fiel posible, respetar y preservar algunos rasgos de la sintaxis y del ritmo propios de aquel repertorio. Por ejemplo, hemos hecho lo que ha estado a nuestro alcance para que se aprecien lo que pudiéramos llamar «restos de rima», sutiles construcciones formulísticas embebidas en la prosa que se hallan muy vivas en la lengua oral rusa, especialmente en la que sirve de cauce al cuento popular, y cuyo efecto fónico y rítmico hemos en la medida de nuestras posibilidades intentado preservar en frases como «hasta el mismísimo Zmei Zmeióvich le temía y con Iván no podía, aunque hacer cualquier cosa conseguía», o «con cuanto ideó, con cuanto intentó para acabar con el príncipe Iván, fuera del modo que fuera, ¡nada logró!». En muchas ocasiones hemos tenido que sacrificar, sin embargo, los saltos continuos de tiempo verbal (mezclas de pasados y presentes, sobre todo) del original ruso, para ajustarlos a la norma española, mucho más estricta a la hora de hacer concordar los tiempos verbales cuando se presentan en serie. También hemos tenido que hacer delicados equilibrios para preservar algunas de las voces más típicas y difícilmente traducibles del léxico ruso sin desorientar demasiado al lector español ni obligarle a recurrir demasiadas veces a la consulta del glosario. Hemos cambiado los títulos de la mayoría de los cuentos para hacerlos inteligibles y reconocibles para el público de lengua hispana, o para que se identifiquen de manera más adecuada sus argumentos.» José Manuel Pedrosa Prólogo de El anillo mágico y otros cuentos populares rusos
Como sucede con Nabokov, Conrad o Kureishi, el problema de la diáspora inaugura una forma de escribir en la que la distancia es un tema central. Se trata de escritores formados en un territorio y que se desarrollan en otro, provistos de una mirada diferente. Nuestra literatura se integra hoy a estas nuevas percepciones, en España, donde convivimos con personas nacidas en otros puntos del planeta, se inscribe ya una generación de dobles vínculos. Desde dos orillas precisamente, la escritora Clara Obligado nos ofrece cuentos de desarraigos, exilios, partidas y retornos, de encuentros y desencuentros. Cuentos desgarrados, intensos, sin embargo vitales y esperanzadores, alternan la tragedia y la comedia, lo real y lo irreal, la otredad con que todos convivimos, nuestras otra vidas. Escritos, como dice la autora, desde ningún lugar y desde varios a la vez, estos relatos nos interrogan sobre el destino, sobre qué hubiera sucedido si, en lugar de un camino, hubiésemos tomado otro.
Los deliciosos y a veces feroces relatos de estas Inquisiciones peruanas nos muestran una socieda que, detrás de su apariencia soñolienta y ceremoniosa, impregnada de olor a sacristía, de rutinasestrictas y dóciles a las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia, hervía de una sensualidad y unas pasiones carnales tanto más intensas y coruscantes cuanto más aplastadas se hallaban por una suerte de prejuicios, prohibiciones y persecuciones. Mario Vargas Llosa
Todos los libros de relatos publicador por uno de los más importantes escritores venezolanos y máximo representante del realismo mágico. Edición de Gustavo Guerrero.
Junto a millones de mujeres, Eve Ensler lleva gran parte de su vida esperando una disculpa. La traición de su padre, quien abusó de ella física y sexualmente, le provocó un sufrimiento permanente y el anhelo de que un hombre fallecido hace ya mucho ajustara las cuentas con ella de forma honesta. Tras años de labor como activista contra la violencia, decidió poner fin a la espera; esa disculpa podía formularla ella, por y para ella. En La disculpa, escrito desde el punto de vista de su padre y con las palabras que deseaba escuchar, Ensler trata de transformar el abuso que sufrió sirviéndose de una veracidad inquebrantable, de compasión y una amplia visión de futuro. Con La disculpa, un relato extraordinario y original, Ensler pretende construir un nuevo camino para sí misma y una posible senda para los demás, para que los supervivientes de abusos puedan finalmente vislumbrar cómo ser libres. Una mirada profundamente transformadora sobre cómo, partiendo de las heridas abiertas por el abuso sexual, podemos resurgir y sanarnos. Es revolucionario y exige coraje, honestidad y perdón de cada uno de nosotros. «Uno de los libros más desgarradoramente brillantes que he leído. En cuanto lo terminé, volví a leerlo, y luego otra vez, y luego otra (de verdad).» The Times «En este triunfo de la destreza literaria y la empatía, Eve Ensler nos deja con una pregunta transformadora: ¿y si pudiéramos hallar las palabras que más deseamos oír de otro en nosotros mismos? Abriéndose paso por las turbulentas aguas entre la intimidad y la aniquilación, el arrepentimiento y el perdón, la autonomía y la interdependencia, este libro no tiene parangón. Serán pocos a los que no cambie.» Naomi Klein «La disculpa es más que un ajuste de cuentas con un hombre que falleció hace mucho tiempo; es una exploración curativa de cómo los supervivientes se pueden recuperar de los abusos sexuales». USA Today «El relato paralizador, terrible, revelador y catártico de Ensler dota de profundidad a su misión de transmutar su dolor en historias penetrantes que dan pie a la comprensión, a la amplitud de miras, a la curación y a la liberación. Valiente y rotundo». Booklist
Con EJERCICIOS PARRAMÓN se ofrece al público una colección abierta de títulos destinados a la práctica del dibujo y la pintura. Cada volumen se dedica a un tema (paisaje, bodegón, figura, etc.) o a una técnica (óleo, acuarela, pastel, etc.), y presenta un conjunto de ejercicios variados, desarrollados por diferentes profesores. La foto del modelo para pintar, una introducción a cada ejercicio y una secuencia de fotografías comentadas de todo el proceso constituyen el esquema de cada motivo propuesto. Una introducción sobre el asunto objeto de cada título y unos consejos prácticos sobre la materia que se presenta van a ser, sin duda, una de las mayores ayudas para la persona que quiera dominar el arte y la técnica de la pintura.
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Dentro de nuestra tradición poética. Jaime Sabines ocupa un lugar definitivo como una figura fundamental en las letras mexicanas. Conceptos como el amor, que nos invade intensamente; la muerte, que ronda a nuestros seres más cercanos, y la sensibilidad, que nos acerca al hecho poético, permiten que conectemos fácilmente con su palabra y nos redescubramos en sus versos. Me tienes en tus manos es una antología seleccionada y presentada por Jazmín Sabines; que incluye los poemas más amados por el público y los preferidos del autor.
Considerado como uno de los más brillantes cronistas en lengua castellana, el colombiano Alberto Salceda Ramos reúne en Viaje al Macondo Real y otras crónicas, con su propia mano y la total complicidad de sus editores, sus historias más celebradas. En un mundo en el que omnipresentes ideologías regulan la relación entre los seres humanos, Salcedo Ramos apuesta por escuchar la palabra como método de entendimiento y como manera de fortalecer la convivencia. Sus historias de perdedores, de bufones, de olvidados, de seres irrepetibles nos regalan una experiencia impagable: la posibilidad de entrar en una conversación amable y cercana que nos sitúa en la piel de los otros que, si bien están lejos, tras esta lectura estarán a nuestro lado para siempre. Boxeadores de mil pelajes, contadores de chistes en velorios, indígenas palabreros, acordeonistas furtivos, futbolistas y árbitros improbables, empresarias creyentes, comunidades que han franqueado tanto los límites que resulta casi imposible describir sus vivencias, y algunos apuntes autobiográficos dan cuerpo a este libro lleno historias, de vidas verdaderamente inolvidables.
El Diario de un perro es una crítica fabulada del hombre y su decadente civilización; una visión cariñosa, cáustica y naíf, a no más de dos palmos del suelo, del teatrillo humano. Ignorado durante mucho tiempo, de nuevo el silencio entorno a Panizza toca a su fin: «Ya va siendo hora de que veamos también a Oskar Panizza entre los componentes de esa nave batida por un alto oleaje, y en la que los más sombríos no son los menos resplandecientes». (Andre Breton) La presente edición, en la que se reproducen los dibujos que el pintor, grabador y xilógrafo Reinhold Hoberg (Berlín, 1859 Zingst (Pomerania), 1932) hizo para la edición original, ha sido traducida, por primera vez del alemán, por Luis Andrés Bredlow y lleva una presentación a cargo de Julio Monteverde.
Emilio, emigrante peruano en Filadelfia, profesor de arte en una de las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos, tiene un apasionado affaire con Sophia, una joven estudiante de la clase alta norteamericana a la que convierte en discípula y a la que seduce apelando al atractivo de los procesos revolucionarios en América Latina. La inevitable ruptura trae, como secuelas, un matrimonio en ruinas, una vocación puesta en duda y una salud mental doblegada por los fármacos. Emilio queda en la lona hasta que, pocos años más tarde, Sophia reaparece de la manera más imprevista: desde México, las noticias informan que ha sido detenida en Chiapas junto al Ejército Zapatista que lidera el Subcomandante Marcos. ¿Cómo Sophia, la rica estudiante de arte norteamericana, termina envuelta en una aventura armada en México? ¿Podrá Emilio resolver el misterio, rescatarla de su prisión y salvar así la última oportunidad de ser feliz? Esta historia, colmada de vértigo, combina un relato de amor descarnado con un ingenioso empleo de las fórmulas clásicas de la narrativa policial. Con Adiós a la revolución, su novela más notable, Francisco Ángeles se consolida como una de las voces más destacadas entre los escritores de su generación.
Un huaco retrato es una pieza de cerámica prehispánica que buscaba representar los rostros indígenas con la mayor precisión posible. Se dice que capturaba el alma de las personas, un registro que ha sobrevivido oculto en el espejo roto de los siglos. Ciento cincuenta años después, la protagonista de esta historia recorre el museo que acoge la colección Wiener para reconocerse en los rostros de los huacos que su tatarabuelo expolió. Sin más equipaje que la pérdida ni otro mapa que sus heridas abiertas, persigue las huellas del patriarca familiar y las de la bastardía de su propia estirpe. La muerte de su padre y los fantasmas de su herencia marcan el retorno de Wiener con esta exploración memorable sobre el amor, el deseo, los celos y el racismo.
Un estudiante llega a una universidad de Colorado, en los Estados Unidos, en busca del sueño americano en su versión académica. La promesa del campus como un santuario, sucumbe ante la realidad nocturna: los alumnos deambulan por los extramuros de la ciudad, a la caza de todo aquello que el día les niega: luz, compañía, ternura, certezas. Animales luminosos es una novela intima donde se abordan los temas fundamentales de nuestro tiempo, como la migración y el choque cultural. Pero también los pequeños grandes dramas de un grupo de amigos que viven sus dudas con una profunda vitalidad, una en la que el amor se torna refugio y quizá, también, respuesta.
«Una escritora peruana en Buenos Aires rememora la historia de un accidente llamado familia. Accidente que se prolonga durante años como una herida mal cicatrizada, signo de interrogación que hurga, interpela y desfonda. Compuesta de recuerdos finamente hilados al tiempo de la intimidad, la novela se revela como un ajuste de cuentas entre una mujer y sus padres: narrativa filial con la que la escritura aspira a disipar olvidos, esparcir cenizas y replantear distancias. Pero también, como una declaración de amor y de duelo que no excluye la memoria del maltrato ni la búsqueda de una independencia que autorice al personaje a dejar de ser hija. Quiénes somos ahora ratifica la incomparable voz de Katya Adaui en el concierto de la narrativa peruana del siglo XXI. Sus notables virtudes técnicas, el resinado puntillismo de su prosa y la sensibilidad para hallar luz entre las sombras familiares hacen de esta novela un acontecimiento literario.»
Sumar relata una marcha, que parece interminable, de vendedores ambulantes que avanzan por la ciudad y la Historia hacia «la moneda» (con minúsculas, jugando con la relación entre el centro de poder, el Palacio de La Moneda, y esa «monedita» que piden algunas voces). En esta exigente novela conviven el lenguaje popular y el lenguaje culto: ambas formas confluyen para dar tensión al texto. Incluso tensión política. Los nombres de algunos de los personajes principales remiten a distintos luchadores y obreros del Chile de principios del siglo xx, y el carácter asambleario del relato nos recuerda algunas prácticas necesarias no tan lejanas en el tiempo. Carentes de esperanzas, los trabajadores del mundo repiten a diario la tragedia de la explotación capitalista. Este usufructo de toda capacidad humana se intensifica cuando el sujeto es su propio explotador; tal es el caso de los vendedores ambulantes, quienes toman la palabra en Sumar para reunirse con otros ciudadanos vejados por un orden estatal que parece divino y comenzar su marcha.
Una antigua costumbre social –la de visitar a los enfermos– se convierte, en esta nueva novela de Vicente Valero, en el pretexto único para la creación de un original y atractivo mosaico de historias y retratos. Como en Las transiciones (Periférica, 2016), el narrador vuelve a los años de la infancia y a su isla natal para indagar en el estado de una sociedad que está a punto de asistir a la muerte de Franco y al comienzo de la Transición con sensaciones encontradas, las propias de un viejo y anquilosado mundo que se derrumba y en el que sólo el turismo reciente parece haber empezado a ejercer un papel novedoso y modernizador. Pero Enfermos antiguos, además de ser un retrato implacable de la sociedad de aquellos años, es sobre todo una novela sobre la infancia, con sus insólitos descubrimientos y efímeras certezas, que propician un jugoso y divertido anecdotario, y su persistente atmósfera familiar, la misma con la que el autor construyó Los extraños (Periférica, 2014): la historia, en fin, de un convulso aprendizaje en tiempos de cambios profundos y decisivos, en la que el lector podrá encontrar situaciones y personajes tan cercanos como inolvidables.
El bombardeo nazi de Florencia en agosto de 1944 destruyó el manuscrito de la novela que Anna Banti había dedicado a la figura de Artemisia Gentileschi. Banti encontró en la gran pintora del Barroco (1593-1652/53), silenciada por una historia del arte eminentemente masculina, el símbolo universal de mujer luchadora y en incesante pugna por la reivindicación de su dignidad, y también una «compañera entre los escombros», una amiga imaginaria que compartía con ella la carga de una permanente desconfianza del entorno hacia sus cualidades. Así, poseída por la voz y la mirada de una mujer de hace más de trescientos años, Banti puso en pie una nueva obra, poliédrica y poética, escrita en dos tiempos y, en cierto sentido, contra el curso del tiempo y «su irreparable corriente». Un coro a dos voces: la de una mujer borrada por la Historia y la de otra que apuntala un presente en ruinas. Artemisia, hija del pintor Orazio Gentileschi, compañero de Caravaggio, fue violada a los diecisiete años por su profesor de pintura, y humillada y torturada en un posterior juicio por estupro. Su venganza fue imponerse como artista, otorgando a las mujeres de sus lienzos (a Judit y a Susana, a Betsabé y a Lucrecia, a Cleopatra y a María Magdalena) un protagonismo incómodo y fascinante para su siglo, y que alcanzó un inaudito reconocimiento. Con una escritura sensorial y medidamente culta, Banti reconstruye la cotidianidad de una pintora itinerante a la fuerza, pero también ahonda en la complejidad psíquica de una vida marcada por las ausencias. Lejos de limitarse a la observación imparcial, la literatura de Banti continúa, como un misterio mayor, allí donde la historia se detiene, como la pintura de la propia Artemisia, con una libertad pura surgida de unos tiempos miserables. Una obra de profunda sabiduría moral y estilística, una de las cimas de la novela italiana del siglo xx.
Gretel, la protagonista treintañera de esta fascinante y a ratos perturbadora novela, se reúne con su madre, Sarah, que ahora sufre de alzhéimer, dieciséis años después de que ésta la abandonara. Gretel es lexicógrafa y se gana la vida actualizando entradas de diccionarios, así que sabe bien que las palabras no son inmutables: tampoco lo son los recuerdos ni la vida que se ha construido sobre ellos. Hasta el momento, Sarah ha sido para su hija «como un fantasma sentado a su mesa que devora toda la comida», pero cuando, después de una incansable búsqueda, por fin tiene la oportunidad de formular las preguntas que la atenazan desde que era una adolescente, la memoria de su madre ya no es una línea recta, sino sólo una confusa serie de círculos deflectores que se trazan para luego desdibujarse. Antes de la separación, madre e hija vivieron juntas en una casa flotante en los canales de Oxford, un entorno de aislamiento salvaje, plagado de supersticiones y de gente a la que no le gusta estar en tierra firme mucho tiempo. Un escurridizo territorio remiso a la ley y a la geografía donde viven libres y soberanas, pero acechadas por el Bonak, una criatura mítica, que sea en forma de tormenta que amenaza su barco o de incendio que arrasa el bosque, es la encarnación de todos sus temores. Su «normalidad» queda trastocada con la aparición de Marcus, un joven vagabundo al que dan acogida en su barco y que llega de manera tan misteriosa como desaparece. ¿Qué secreto se oculta en la figura de Marcus?, ¿qué pasó realmente aquel último invierno en el río? En una suerte de reelaboración del mito de Edipo en clave transgénero, y con una maestría insospechada en una escritora de tan sólo 28 años, la finalista más joven del premio Booker, Daisy Johnson aborda asuntos como la complejidad de las relaciones entre madres e hijas, los prejuicios de género o la construcción de la propia identidad sobre los cimientos de vivencias poco convencionales. Johnson nos invita, con una escritura intensa, calma, como una nota sostenida, y el encantamiento propio de los cuentos infantiles, a atravesar un intrincado laberinto de emociones turbias, atmósferas sobrecogedoras y destinos inevitables.
El narrador de Los montes antiguos regresa a la casa familiar, en Soria, tras la muerte de su padre. Allí ha de hacerse cargo de una tierra que, lejos ya de la idealización de otros tiempos, reclama ahora el cuidado de los árboles, el desbroce de la maleza, los preparativos para combatir el fuego. En sus sucesivas estancias en este territorio de límites imprecisos, entre el campo y la pequeña ciudad de provincias, descifrará «un ritmo que no se acompasa sino a sí mismo», el de una naturaleza que se sabe «lejos de la guerra de los argumentos». Pero, también, desvelará una callada e insidiosa conciencia de la Historia: la de aquellos hombres y mujeres olvidados (paisanos y forasteros, fugitivos, hombres de palabra, gentes de oficio pegado a la tierra, muchachas fabuladoras, visionarios del pasado, soñadores de la revolución ) por los que pasaron una república y una guerra civil, las migraciones de la supervivencia , y la vida, en resumen, en sus aspectos más tenues y reveladores. Con su bellísima prosa, impregnada de la viveza del habla popular, y una singular cadencia de pensamiento, entre la novela y el ensayo más intuitivo, Los montes antiguos es una ambiciosa indagación contra cualquier naturalismo ingenuo o nostalgia edulcorada. Contra el mito de un país edénico, pero también contra la desmemoria. Una suerte de geórgica virgiliana moderna atravesada por la contingencia que compara en el fiel de la balanza, con una misma sospecha, naturaleza e historia.
Desde su observatorio solitario en la séptima planta de un edificio de viviendas, el narrador sin nombre de La avenida radiografía la Ciudad de Dios, una metrópoli decadente y moderna habitada por una nueva clase social, el Gran Relleno. También desde el Bar Porcacci observa la vida de los vecinos de aquel barrio paria (llamado la Pequeña Rusia durante los años del fascismo) que erigió, con olvidado heroísmo, la belleza de la ciudad eterna. Por último, este extraviado y lúcido hijo del siglo XX analiza su propio desencanto: aspirante a historiador del arte, funcionario propenso a las corruptelas, excomunista sin nostalgia. Como ya hiciera en La vida en tiempo de paz, Francesco Pecoraro levanta un gran fresco del fin de una época, la nuestra. Su proyecto narrativo posee la ambición de los inventores de la novela moderna: Auto de fe, Los sonámbulos, Berlin Alexanderplatz o Manhattan Transfer. Su estilo acerado abarca la digresión filosófica, la escena satírica, la indagación sociológica. Y su Ciudad de Dios, una Roma que nos recuerda que no ha agotado su capacidad simbólica, se nos presenta como la gran metáfora de nuestro tiempo: con un futuro ya muerto que se desangra sin utopía.
Recién salido de la universidad, al protagonista de El capitalista simbólico lo contratan las Guías Michelin para «atender las inquietudes de los ricos» desentrañando aquello que convierte una experiencia turística en sublime. Aunque apenas visita los lugares que debe puntuar con estrellitas y se limita al plagio de otras guías, cobra un sueldo que le asusta por lo elevado: se sabe un fraude. Además, acaba de abandonar una prometedora carrera deportiva y empieza a coquetear con las élites culturales barcelonesas. Él, hijo de obrero y de ama de casa, vive con una peculiar culpa de clase la promesa de ascenso social de los años noventa, momento en que arranca un periplo marcado por la especulación y el endeudamiento del país, «una década consagrada al epíteto»: un éxito rotundo. El capitalista simbólico culmina con maestría el ciclo de novelas de aprendizaje que comenzó con El enfermero de Lenin y Retrato del futbolista adolescente, un friso narrativo sobre el desclasamiento en España a partir de la generación formada por los hijos de trabajadores emigrados a los extrarradios metropolitanos, mujeres y hombres en los que se depositaron numerosos anhelos aspiracionales. Humorístico, tierno y con un estilo profundamente irónico (y un narrador autobiográfico que combina lucidez y tontería), Valentín Roma es el gran cronista de los sueños desnortados de la España reciente. Y esta hermosa novela, tan picaresca como reflexiva, una verdadera epicomedia del desclasamiento.
Reinhold Duschka es un héroe secreto. En la Viena anexionada por la Alemania nazi, este modesto artesano y alpinista apasionado escondió en su taller a Regina Steinig y Lucia Kraus, madre e hija judías. Resistiéndose a los honores durante décadas, Reinhold continuó su vida con la misma discreción hasta que, finalmente, a sus noventa años, aceptó la distinción de Justo de las Naciones, concedida por Yad Vashem, el Centro Mundial de Conmemoración del Holocausto, en Jerusalén, por unos hechos que sus familiares y amigos más allegados desconocían. Erich Hackl, uno de los más brillantes narradores europeos de la actualidad, reconstruye la vida de este héroe esquivo por modestia; pero también, con una escrupulosa atención a los detalles reveladores, la historia de un siglo de resistencias silenciosas, de un compañerismo profundamente humano afianzado en el intangible lazo de la confianza mutua. Así pues, La cuerda invisible es una lección de escritura oral y coral, de virtuosismo literario y de sabiduría empática. Un relato verídico que contiene en su interior, sugeridas y exactas, muchas novelas.
Junio de 1935. Giulio Giamò, un joven piloto italiano, es enviado a Abisinia en su ligero trimotor, el Vida Nueva. Vuela con una felicidad casi insoportable, siempre al sur, donde la vida es extraordinaria. Conoce a un capitán que sólo sabe de la guerra por el cine, a un papagayo filósofo, a una esclava con libélulas por pendientes Extraños personajes que le ofrecen una nueva y desafiante visión del mundo. A Giamò lo apodan Mosquito porque aterriza en cualquier terreno imposible. Y su misión es secreta, incluso para él: debe entregar al gran negus, el rey Haile Selassie, una declaración de guerra firmada por Mussolini. Un vuelo mágico es un libro sin tiempo y sin edad, escrito para el niño que vive en el adulto, y viceversa. Una bellísima fábula con el encanto oral de Las mil y una noches, la precisión de Italo Calvino y un agudo sentido de la poesía. Una mezcla personalísima, entre la certeza de la Historia y las verdades éticas de los sueños, que ha convertido a Giovanna Giordano en una autora de culto de la literatura italiana reciente, galardonada dos veces con el prestigioso premio Racalmare Leonardo Sciascia. «Giovanna Giordano parece tener tatuado el don de la escritura en la punta de los dedos.» Abel Wakaam
Teresa y Carolina Materassi son dos hermanas en la cincuentena que siempre han estado juntas y que se ganan desahogadamente la vida como bordadoras y costureras de lencería fina en un pueblito a las afueras de Florencia. Por sus manos pasan los ajuares de todas las muchachas casaderas de las buenas familias de los contornos; su fama de excelentes artesanas les ha granjeado la prosperidad de su negocio, el incesante desfile de las señoras de la aristocracia y la curia florentinas, e incluso una audiencia con el Papa. No siempre fue así. Las Materassi tuvieron que cargar desde jovencitas con las consecuencias de tener un padre derrochador y consentido que dilapidó el patrimonio familiar. Sólo contaron con su talento y su capacidad de sacrificio para responder a los acreedores y mantener la heredad, convertida ahora en un santuario de trabajo y de virtud. Pero su abnegación y su renuncia las han convertido también en dos seres exiliados de la vida. En este régimen ordenado, que en ocasiones parece una habitación cerrada a cal y canto, cae como un rayo un joven sobrino, Remo, cuyo cuidado les confía otra hermana que acaba de morir lejos de la familia. La vitalidad, el misterio, la alegre irresponsabilidad y, sobre todo, la belleza del muchacho provocan un vuelco catártico en la vida de las hermanas, y el contrapunto entre ambas formas de estar en el mundo dará lugar a momentos que destilan una sutil e incesante comicidad. Un narrador punzante y burlón relata la fascinación de las mujeres por el hermoso adolescente, que despierta en ellas una agitación que parecía extinguida y las arrastra a una huida hacia adelante con un sustancioso viraje final y humor, un acerado juego de espejos psicológico siempre suspendido en el filo entre la risa y la melancolía, la ironía y la compasión.
A sus catorce años, Mouchette ya conoce la cara más amarga de la vida: su padre es un alcohólico que la muele a palos y su madre es una mujer distante; las compañeras de clase se ríen de ella, saca de quicio a la maestra y los vecinos de su aldea la odian y la temen a partes iguales. A la miseria y a la brutalidad que la rodean, la arisca e indomable Mouchette opone un orgullo adamantino, fiero, y la opacidad de un alma insondable encerrada en un círculo de silencio. En un universo asfixiante, donde toda verdadera comunicación parece imposible, Mouchette ha conquistado sus pequeños momentos de libertad y rebeldía, siempre ligados, sin embargo, a una irreductible soledad. Una noche de tormenta, perdida en el bosque donde intenta resguardarse del aguacero, Mouchette se encontrará con el joven Arsène, un cazador furtivo, la única persona a quien la muchacha admira y que despierta en ella un sentimiento tan tierno como inconfesable. Pero ¿qué ocurre cuando aquel que representa todo lo bello y valioso para la niña le inflige la herida más profunda y dolorosa de su existencia? Escrita con un lirismo a la vez sobrio y desgarrador, con un estilo que oscila entre el realismo más crudo y la visión onírica, Bernanos consigue plasmar el radical desamparo, el absoluto aislamiento de un corazón que, en medio de tanta hostilidad, ha perdido ya toda inocencia. Tan breve como intensa e inolvidable, Mouchette, llevada al cine magistralmente por Robert Bresson en 1967, es una de las grandes obras de la literatura francesa de todos los tiempos.
Las cartas que madame de Sévigné escribió a la condesa de Grignan, su hija, han pasado a la historia por ser una cima absoluta de la literatura epistolar, aún más, de la literatura amorosa. En efecto, la marquesa de Sévigné, viuda de un vividor, vuelca en su hija recién casada un amor filial complejo y anhelante, hasta descubrir alarmada, por más que Sévigné no sea ninguna beata que la ama más que a Dios. Figura destacada en la brillante corte de Luis XIV, ese Grand Siècle en el que coincidieron los espíritus más ingeniosos, esta salonnière, amiga íntima de madame de La Fayette y de François de La Rochefoucauld, brilla por su inteligencia, su ironía, sus pullas y la frescura y gracia de su estilo, por su prosa espontánea y zigzagueante como una conversación. Las modas, los embarazos que enferman a las mujeres, la querella de los antiguos y los modernos, las murmuraciones de la corte o la fugacidad de la vida, todo lo abarca esta mujer imparable en la vida pública de su tiempo que posee las virtudes analíticas de una psicóloga, el apasionamiento de una novelista y la sagacidad de una filósofa. De las más de mil cartas que se conservan de madame de Sévigné, la escritora Laura Freixas ha seleccionado y traducido aquellas donde brillan su radical modernidad y la viveza de su estilo, que admiraron, entre otros, Virginia Woolf o Marcel Proust.
