Astrofísica y Ciencias del Espacio
* Una guía sobre una apasionante materia científica, que muestra que los signos que revelan que hay vida en la Tierra pueden ser la clave para detectarla también fuera de nuestro planeta. * Un análisis de los numerosos planetas que han descubierto las misiones Kepler y TESS de la NASA fuera del Sistema Solar. * Incluye detalles cruciales sobre la búsqueda de vida extraterrestre, como la paradoja de Fermi, la ecuación de Drake y la señal «Wow!». La posibilidad de que exista vida extraterrestre es una de las conjeturas más trascendentales de la humanidad. Hoy en día se indaga en este campo no solo desde la literatura de ciencia ficción, sino también desde la investigación en el ámbito de la ciencia. Puesto que en Marte ya hay todoterrenos de la NASA y otras sondas escudriñan lugares más lejanos del cosmos, esta edición ilustrada combina infografías con imágenes del espacio profundo para ofrecer una visión bien informada sobre las búsquedas científicas más significativas.
Leucipo de Mileto formuló la hipótesis de los átomos en el siglo V a. C. John Dalton probó la existencia de estos fuera de toda duda razonable a principios del siglo XIX. No ha habido intuición más poderosa y decisiva para el devenir de la humanidad que haya permanecido latente tanto tiempo a lo largo de la historia. En este libro se presenta la eclosión de los átomos como pilares de la materia de la mano de los cuatro personajes que la protagonizaron más decisivamente. Dalton llegó hasta ellos fundamentalmente pesando la materia con un esmero y precisión jamás alcanzados. Ernest Rutherford descubrió el núcleo de aquellos átomos. Niels Bohr le aplicó la incipiente mecánica cuántica al ver que la física clásica no podía describirlos. Y, finalmente, Wolfgang Pauli formuló el principio fundamental por el que aquella bella arquitectura era estable. El lector disfrutará de la variedad de caracteres humanos de los cuatro personajes que sentaron las bases del mayor viraje de la evolución de la humanidad.
Pierre-Simon de Laplace influyó notablemente en la globalización de la ciencia y de la técnica que tuvo lugar a lo largo del siglo XIX. Con el apoyo de Napoleón dibujó las instituciones científicas de la nueva Francia posrevolucionaria y suya fue la firma al pie del decreto que hizo obligatorio el uso del sistema métrico decimal. Nadie pudo acusarle, ni entonces ni ahora, de no merecer tan alta responsabilidad: dotó a la física newtoniana de una sólida armazón matemática y sistematizó los resultados dispersos de la emergente disciplina de la probabilidad. Su éxito a la hora de modelizar los más distintos aspectos de la realidad le convenció de que todo estaba determinado: la espontaneidad y el libre albedrío no son, afirmó, sino meras ilusiones.
