Dios Honra a los que le Honran (Spanish Edition)

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  • “Dios honra a los que le honran” En el año 1990, cuando el Señor me llama a su camino, Dios me permitió experimentar un encuentro con Él, que me marcó para siempre. Empezando a leer el libro de los Salmos encontré un pasaje que dice: “Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo” Salmo 119:135. Este pasaje me llamó la atención y lo hice mío, parte de mi oración. Empecé a orar al Señor diciéndole: haz resplandecer tu rostro sobre mí. El primer día oré y no pasó nada. El segundo día oré y tampoco sucedió nada, vencido por el sueño, me acosté y el Señor me despertó a la una de la madrugada. No tenía sueño, solo un hambre por su presencia y un deseo ardiente de tener un encuentro con Él. Me levanté a orar, a bendecir al Señor, y tiempo después me empezó un fuerte dolor de estómago y una fuerte náusea. No podía hablar, empecé a sentir frío, y le dije al Señor: “que no podía seguir orando de rodillas, que me sentía muy mal, que por favor viniera y me sanara o enviara un ángel a hacerlo. Me acosté y no pasaron dos minutos cuando una luz blanca empezó a iluminar y llenar mi habitación. Estaba acostado de lado, con el rostro en dirección a la pared y pude notar que la luz que me iluminaba venía de alguien que estaba parado detrás de mí. Mi corazón se aceleró, tenía miedo, sabía que era un ángel que el Señor había enviado a sanarme, o que el Señor mismo estaba allí, me llené de valor y dije: “quiero ver, quién está detrás de mí”. Cuando intenté girar para verlo no pude, porque aquel personaje que estaba allí conmigo, me había paralizado el cuerpo. Tres veces intenté girar para verlo, pero no me lo permitió, entonces le dije: “Señor si eres Tú ¿Por qué no quieres que te vea?”. Entonces la luz se opacó un poco, y se re ejó en la pared el rostro del Señor. l personaje que vi tenía ojos hermosos y su nariz per lada, barba y el pelo hasta los hombros. Luego, otro personaje apareció al lado del primer rostro. Su pelo era corto y tenía barba corta, un rostro con una hermosa apariencia. Sentí que un poder cayó sobre mi cuerpo y el Señor empezó a sanarme. Cuando me sanó, la luz empezó a opacarse nuevamente, hasta que desapareció, entonces me giré rápidamente para verlo, pero ya se había ido. Estaba ansioso que amaneciera para contarle a todos lo que me había ocurrido. Le conté a mi novia (hoy es mi esposa) lo que me había pasado y ella me preguntó: “¿Tú te has mirado hoy en el espejo?” Y le dije que no. Entonces me dijo: “mírate, porque tu rostro está más claro”. ¡Dios mío, no lo podía creer! Mi rostro, tenía un brillo diferente, por la luz del que estaba en mi habitación, entonces me acordé de aquel Salmo 119:135: “haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo”. El Señor me había contestado mi oración. 1 Samuel 2:30 dice:“Porque yo honraré a los que me honran, y a los que me desprecian serán tenidos en poco”. En los años que tengo buscando y sirviendo al Señor, Dios me ha revelado algunos principios que están escritos en su Palabra para bendecir a su pueblo. Pero algunos desconocen esta gran verdad y por eso no pueden ser honrados por el Señor. Debemos saber que nuestro Dios es un ser que: Piensa, tiene gustos, ve, oye, habla, puede decir que sí y puede decir que no. Mi propósito en este libro es despertar en usted el deseo de honrar al Señor y ayudarle a entender que una vez usted lo haya honrado, le aseguro por su Palabra que no quedará sin que Él también le honre. Dios cumplirá su promesa sobre usted, sobre su familia y sobre todo lo que tiene. Él es el a su Palabra porque no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. En Números 23:19 “Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?”. Soy testigo de esto porque me ha demostrado, a través de los años, que Él es el, que el deseo de nuestro Padre Celestial es honrar a sus hijos y si Él lo hizo conmigo, estoy seguro que lo hará contigo. “Dios me ha honrado”.

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