Biblok

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Meg quiere casarse con un buen hombre y formar una familia; Jo sueña con convertirse en una escritora famosa; Beth se conforma con tener siempre un piano junto a ella con el que poder deleitar a su familia, y Amy está firmemente decidida a entrar a formar parte de la alta sociedad. Ellas son las hermanas March, cuatro mujercitas en trance de convertirse en adultas, abiertas a la vida y sus complicaciones, en plena educación sentimental. Esta deliciosa, divertida y emotiva historia, escrita sobre el lienzo de un salón burgués y con el telón de fondo de la guerra de Secesión, es la obra maestra de Lousia May Alcott, un ejemplo incomparable de novela de aprendizaje y un clásico inmortal leído con entusiasmo generación tras generación. La autora logro plasmar el crecimiento intelectual y emocional de sus mujercitas desde el espíritu de libertad individual y autenticidad o self-reliance que defendía el trascendentalismo, con una visión tan adelantada a su época que aun hoy conserva toda su frescura.

En este fascinante libro de porqués sobre el Antiguo Egipto, la invitación es a aprender a través de preguntas y respuestas: ¿Por qué los egipcios escribían con dibujos? ¿Por qué envolvían las momias con vendas? ¿Por qué siempre los vemos de perfil? ¡Qué forma más rara de caminar! Todo lo que rodea a esta antigua civilización es muy sorprendente, sobre todo si lo miramos con los ojos curiosos de un niño o una niña.

Escoger los cuentos más representativos de Hans Christian Andersen ha supuesto un verdadero reto, ya que escribió cerca de doscientos: este libro incluye una maravillosa selección de los más memorables en sus versiones originales. Sus orígenes humildes y la pobreza extrema que padeció en su infancia, digna de un personaje de alguno de sus relatos, imprime a sus historias un carácter serio, duro, melancólico y, a diferencia de los de Perrault o los hermanos Grimm, exento de moraleja. Raros son sus cuentos con final feliz y, sin embargo, acaso sea el más popular, leído y querido de los autores del género.

Nacido en el norte del Líbano, en Becharre, el 6 de enero de 1883, Gibrán Jalil Gibrán está reconocido como el pensador de las primeras décadas del siglo XX en Oriente Medio. Sus biógrafos, en su mayor parte amigos personales, han dejado de él visiones parciales, cuyo denominador común es la búsqueda de la paz y del conocimiento de uno mismo. La obra de Gibrán no constituye un sistema filosófico coherente ni cerrado. Pero no lo pretendía. es más, él mismo renegó de las tradiciones que nos legaron nuestros antepasados en el plano de la filosofía para interrogarse más como teólogo que como filósofo. La búsqueda de Dios, que había sido el meollo fundamental de la filosofía árabe antigua desde Averroes, se convierte en la pluma de Gibrán en una paradoja humana.

Con veintidós años Charles Darwin se embarcó como naturalista sin paga en el navío de reconocimiento HMS Beagle para emprender una expedición científica alrededor del mundo. Fruto de esta experiencia fue tanto su Diario del viaje del Beagle como su obra capital El origen de las especies, donde explicaba la evolución de todas las formas de vida ancestrales que habían poblado la Tierra a lo largo de los tiempos. La nueva teoría científica defendía que las poblaciones evolucionan durante el transcurso de las generaciones mediante un proceso conocido como selección natural, o de la supervivencia de los más aptos, y presentaba pruebas de que la diversidad de la vida surgió de la descendencia común a través de un patrón ramificado de evolución. Esta revolución de Darwin vino a completar la de Copérnico y Newton: el ser humano sabía ya que el universo obedece a leyes inmanentes que determinan todo cuanto sucede en la naturaleza. Sin embargo, esta revolución científica había dejado fuera de su alcance el origen de los seres vivos, cuyas maravillosas adaptaciones parecían ser el cumplimiento de una finalidad preestablecida: el ojo, exquisitamente diseñado para la función de ver, la mano, para sujetar objetos, o los riñones, para regular la composición de la sangre... Pero la selección natural, convertida en ley, pasaba a ocupar un espacio que hasta entonces se había reservado exclusivamente a Dios.

La Revolución francesa es el alba de la edad contemporánea. En ella se hallan, in nuce, todas las luces y sombras que alumbrarían u oscurecerían la civilización occidental de los siguientes siglos, hasta hoy mismo. Mathiez nos la muestra en estas páginas con todas sus crudas contradicciones, de la Esperanza y del Terror. La Revolución aparece como la primera etapa crítica en un avance proletario que cobraría fuerza en las revoluciones de 1848, la Comuna de París de 1871 y las revueltas rusas de 1905, hasta alcanzar su punto más alto durante la Revolución bolchevique de 1917, que instauró en Rusia una dictadura en nombre del proletariado.

Cuando el primer editor de Aristóteles, Andrónico de Rodas, se dispuso a compilar la obra del maestro, halló una serie de escritos dispersos acerca de una «filosofía primera». Los reunió en catorce libros y les dio el título de Metafísica porque los colocó literalmente tras los ocho libros de Física. Esto explica la dispersión de este libro, que no fue concebido como tal, sino como un conjunto de materiales destinados originalmente a servir como base para las lecciones de Aristóteles sobre los temas filosóficos perfectamente delimitados en cada capítulo. La Metafísica es, por lo tanto, una especie de «programa de investigación» sobre las primeras causas y principios del ser, el conocimiento del ser «en cuanto ser», el conocimiento de la causa última de la naturaleza y de la realidad. De la falta de univocidad del objeto de estudio, el ser, surgen las dos ramas de la metafísica aristotélica: la ontológica, que estudia lo que puede ser afirmado sobre cualquier cosa que existe sólo «en tanto que existe» y no debido a las cualidades especiales que pueda tener, y la teológica, dedicada al «primer motor inmóvil», es decir, a Dios como principio y causa.

El arte de la guerra enseña a ganar desde la paz. En eso consiste la estrategia: la mejor manera de vencer es situarnos en una posición ganadora de antemano, que haga la guerra innecesaria. Si no alcanzamos esa posición, la guerra es una locura. Y para alcanzarla, un general chino llamado Sun Tzu escribió hace veinticinco s iglos este brillante tratado repleto de sabiduría practica. Las ideas del legendario general se extendieron por toda Asia, dando forma al carácter oriental, y llegaron por primera vez a Europa a finales del siglo XVIII. En la actualidad, este clásico de la estrategia bélica ha superado ampliamente el ámbito militar para convertirse en un manual de referencia en las escuelas de administración de empresas, útil para todas las disciplinas que tratan el comportamiento personal y la gestión de conflictos, desde los negocios hasta la diplomacia, pasando por los deportes.