Médico
Una médico residente y un jefe de cirugía. Un amor imposible en un hospital universitario que llevará tu corazón al limite. Laura Collins siempre quiso seguir el legado de sus padres, que se enamoraron en el hospital universitario Whitestone de Phoenix, uno de los mejores centros médicos del país. Cuando tras mucho esfuerzo le otorgan la ansiada plaza como residente de primer año, siente que por fin lo ha conseguido.
Cuando la mujer con la que tuve una aventura de una noche me anuncia que acabo de ser padre, mi mundo se viene abajo. Tengo que elegir entre ser padre soltero de una recién nacida o firmar los papeles para que alguien la adopte, y la decisión es fácil: tras apenas unas horas cojo un avión para ir a buscar a mi hija. El problema es que apenas soy capaz de distinguir la cabeza de los pies de un bebé, y esta situación me supera, pero tengo un plan: voy a contratar a una niñera, a ocuparme lo mínimo posible de la niña y a seguir con mi vida. Por fin encuentro una niñera que está a la altura de mis exigencias, pero todo se complica porque, cuando la miro, el futuro que creía desear empieza a desmoronarse. Nada en mi vida va según lo previsto, y la máquina de ensuciar pañales que tengo en los brazos se ha abierto camino inesperadamente hasta mi corazón. Mi vida era ordenada y lógica hasta que me encontré con dos compañeras de piso y me empecé a enamorar de las dos.
¿Qué puede hacer una estadounidense famosa con el corazón roto cuando está en Londres tratando de olvidar a su ex? Obviamente, buscarse un prometido falso. He viajado a Londres para esconderme de la prensa sensacionalista mientras intento superar una ruptura difícil con mi novio de toda la vida. Al salir de una cafetería me tropiezo con un muro. Solo que no es un muro: es un inglés guapísimo…, y acabo de tirarle un café caliente por encima. Mi víctima no solo me perdona por mancharle la camisa, sino que cuando le cuento que necesito quitarme a la prensa de encima, no duda en hacerse pasar por mi prometido. Nuestro acuerdo es claro: nada de esto es real… excepto que cuanto más tiempo pasamos fingiendo ser pareja, más difícil se me hace cumplir mi parte del trato. Y su ardiente mirada me dice que a él le podría estar pasando lo mismo. Por cierto, ¿os he comentado ya el cuerpazo que tiene cuando jugamos al Twister y acabamos desnudos? Tengo que reconocer que hace que me derrita. Estoy empezando a pensar que mi prometido falso podría tener madera para ser un excelente marido…
