PAMIES

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117 d. C. Britania. El centurión Flavio Ferox está tratando de vivir, por fin, de forma tranquila, supervisando las propiedades de su esposa, la reina de los brigantes, y controlando el impulso de asesinar a un vecino molesto…, hasta que alguien lo hace por él. Empujado de nuevo a una vida de violencia, pronto se encuentra persiguiendo asaltantes, luchando contra jefes guerreros y negociando con reyes tribales. Bajo el mando del nuevo emperador, Adriano, el mundo entero parece estar cambiando: los antiguos amigos ahora son enemigos, los enemigos afirman ser amigos y nuevas y mortales amenazas acechan en las sombras. Cuando el propio Adriano llega a Britania para inspeccionar la construcción de su gran muro, la guerra estalla súbitamente. Ferox es el único que puede salvar al emperador, pero con su familia y su propia vida en peligro, primero debe decidir de qué lado está. «Descarnada y realista». Daily Telegraph «Una imagen extraordinariamente vívida de cómo eran las batallas en las fronteras del Imperio romano». The Times «Acerca al lector a la verdadera naturaleza de la Britania romana». New Books Magazine

Año 25 a. C. Ahora que Octavio ha sido nombrado Augusto, centra su atención en cántabros y astures, los últimos pueblos no sometidos de Hispania, un requisito indispensable para instaurar la ansiada pax romana. Inicia una campaña contra ellos, pero la tenaz resistencia norteña le obliga a enviar refuerzos desde la Galia para atacar al enemigo por la espalda. Desembarcada en tierra hostil, la Novena Legión pronto se ganará el sobrenombre de Hispana tras una dura lucha contra las tribus cántabras. Marco Vitruvio Rufiano, junto a sus compañeros de contubernio, deberá atravesar el territorio enemigo, enfrentándose a un líder insurgente llamado Corocuta, por el que Augusto ha ofrecido una enorme recompensa. Todo esto, unido a las fricciones con su ambicioso legado, hará que se vean envueltos en una despiadada conjura en torno a la guerra.

He renunciado a los hombres para centrarme en el trabajo de mis sueños, que empiezo el lunes, pero mi mejor amiga me convence para que me divierta una última noche, así que me organiza una cita a ciegas. Acepto porque él se va a ir a África con Médicos sin Fronteras en unos días. Sin duda, es la mejor cita de mi vida. El Doctor África me hace reír y me pone tanto, tanto, que quiero hacerle un examen físico completo. Es así como se convierte en el Doctor Aventura-de-una-noche, y no siento el más mínimo remordimiento por ello. El lunes por la mañana me siento entusiasmada y emocionada a la vez, hasta que me topo con… ¿Lo habéis adivinado ya? Al parecer, a nuestra cita no asistió el Doctor África, sino que le sustituyó su hermano, también médico, y ahora trabajo en el mismo hospital que el hombre con el que pasé la mejor noche de mi vida. ¿Os he mencionado ya que es mi nuevo jefe? Creo que voy a tener que ir directamente a Urgencias para encontrar cura a lo que siento por el Doctor Inalcanzable.

Irlanda. Mediados del siglo IX. Dubh-Linn acaba de ser reconquistada a los daneses por la flota vikinga noruega comandada por Olaf el Blanco. Thorgrim Lobo Nocturno solo piensa en volver a sus tierras en su Noruega natal, pero se encuentra atrapado en Dubh-Linn sin barco y sin dinero. No le queda más remedio que aceptar participar en una última incursión en tierras irlandesas bajo el mando de Arinbjorn Diente Blanco, un hombre en el que no confía. Pero las cosas se complican; Brigit nic Máel Sechnaill, la heredera del trono de Tara, tiene que huir precipitadamente y se refugia en Dubh-Linn, donde le pide a Arinbjorn que la ayude a recuperar su corona. Por su parte, Flann mac Conaing se proclama nuevo rey de Tara con la ayuda de su intrigante hermana Morrigan, que tiene en su poder la Corona de los Tres Reinos, que, según dice la leyenda, quien la ciña será el rey supremo de Irlanda. Thorgrim, su hijo Harald, su suegro Ornolf el Incansable, el berserker Starri el Inmortal y el resto de sus hombres se verán inmersos en la batalla por el trono de Tara, una batalla que pondrá a prueba su fuerza y su lealtad como nadie jamás lo había hecho.

Soy un voyeur. Eso quiere decir que me gusta mirar, y en mi oficio eso es una bendición. Soy uno de los propietarios del Club Juegos Prohibidos, y me siento cómodo manteniéndome al margen. Es lo que se me da bien: trabajo mejor solo. Pero un día me topo con una aplicación para ver a mujeres a través de una cámara, y me encuentro contemplando a la única persona a la que no debería mirar: mi hermanastra. Esto supone tres grandes problemas: uno, Mia y yo no nos soportamos; dos, ella no tiene ni idea de que yo soy el hombre que está al otro lado de la pantalla, y tres, me estoy enganchando a la aplicación… y a ella. Mia me hace desear algo que me juré que no volvería a hacer: abrirme y conectar con alguien emocionalmente. Me estoy enamorando de ella, pero ella se está enamorando del hombre misterioso que pretendo ser. Si quiero que todo salga bien, voy a tener que hacer algo más que mirar. Pero ¿hasta dónde seré capaz de llegar para seguir contemplándola?

Él dice que soy perfecta. Su mascota sin mácula. Su chica buena. Cuando mi tóxico exnovio me abandonó, me quedé hundida y destrozada, y solo ansiaba encontrar a alguien que me dijera que yo valía la pena. Entonces encontré un nuevo trabajo con un jefe que hace que me ponga de rodillas… literalmente. Emerson Grant me incita a hacer cosas que una verdadera secretaria nunca haría. Pero también me hace saber que valgo la pena de verdad. Que soy digna de sus halagos. Hay un millón de razones por las que debería mantenerme alejada de él. El dueño del Club Juegos Prohibidos no es solo mi nuevo jefe, sino que también me dobla la edad… y es el padre de mi exnovio. Con él me siento valorada, adorada… Suya. Soy una buena chica, pero me he enamorado del hombre equivocado. Emerson Grant sabe lo que quiere, y ahora me quiere a mí. Pero ¿hasta dónde estaré dispuesta a llegar para conseguir su aprobación?

Cuando la mujer con la que tuve una aventura de una noche me anuncia que acabo de ser padre, mi mundo se viene abajo. Tengo que elegir entre ser padre soltero de una recién nacida o firmar los papeles para que alguien la adopte, y la decisión es fácil: tras apenas unas horas cojo un avión para ir a buscar a mi hija. El problema es que apenas soy capaz de distinguir la cabeza de los pies de un bebé, y esta situación me supera, pero tengo un plan: voy a contratar a una niñera, a ocuparme lo mínimo posible de la niña y a seguir con mi vida. Por fin encuentro una niñera que está a la altura de mis exigencias, pero todo se complica porque, cuando la miro, el futuro que creía desear empieza a desmoronarse. Nada en mi vida va según lo previsto, y la máquina de ensuciar pañales que tengo en los brazos se ha abierto camino inesperadamente hasta mi corazón. Mi vida era ordenada y lógica hasta que me encontré con dos compañeras de piso y me empecé a enamorar de las dos.

¿Alguna vez has oído que un hombre sea «damo de honor» de una novia? Sí, bueno, la futura ogra (bueno, suegra) de mi mejor amiga tampoco lo ha escuchado nunca. Y tampoco ha oído nunca hablar de la expresión «la novia es la que manda». En plena planificación de su boda y con muy poca antelación, mi mejor amiga, Lia, me ha pedido que la ayude a lidiar con esa bestia gruñona que es la señora Beaver. Como a mí no me da ningún miedo, he aceptado el reto. El único problema es que, cuanto más se acerca la boda, más veo a mi mejor amiga de una manera distinta. Siempre la he considerado guapa, pero ahora… Sin pensarlo, me he quedado mirándola demasiado tiempo. Cuando la toco, dejo la mano más rato de lo necesario. ¿Y cuando se pone triste? Pues entonces la dejo dormir en mi cama. Y de un día para otro me doy cuenta de que estoy enamorado de mi mejor amiga. Y no solo enamorado, sino perdidamente enamorado. Nadie puede compararse con ella, y nada parece quitarme esa idea de la cabeza, ni siquiera la inminente fecha de su boda. Lo que quiere decir que no me queda otra elección que demostrarle a Lia que soy yo con quien ella debería estar. Sin embargo, con la presión de su compromiso, el estrés que le provoca su futura suegra y los nervios asfixiantes que siento ahora mismo, no va a ser nada fácil conseguirlo. Cruzad los dedos por mí…

¿Qué puede hacer una estadounidense famosa con el corazón roto cuando está en Londres tratando de olvidar a su ex? Obviamente, buscarse un prometido falso. He viajado a Londres para esconderme de la prensa sensacionalista mientras intento superar una ruptura difícil con mi novio de toda la vida. Al salir de una cafetería me tropiezo con un muro. Solo que no es un muro: es un inglés guapísimo…, y acabo de tirarle un café caliente por encima. Mi víctima no solo me perdona por mancharle la camisa, sino que cuando le cuento que necesito quitarme a la prensa de encima, no duda en hacerse pasar por mi prometido. Nuestro acuerdo es claro: nada de esto es real… excepto que cuanto más tiempo pasamos fingiendo ser pareja, más difícil se me hace cumplir mi parte del trato. Y su ardiente mirada me dice que a él le podría estar pasando lo mismo. Por cierto, ¿os he comentado ya el cuerpazo que tiene cuando jugamos al Twister y acabamos desnudos? Tengo que reconocer que hace que me derrita. Estoy empezando a pensar que mi prometido falso podría tener madera para ser un excelente marido…

Mi vida era muy tranquila hasta que llegó Vincent Cove, un millonario americano insultantemente sexy. Pensé que lo nuestro solo iba a ser una aventura de una noche y que jamás volvería a verlo, pero ha regresado para convertir la mansión inglesa en la que vivo y trabajo en un glamuroso hotel. Por encima de mi cadáver. Ya sé que solo soy una camarera de una ciudad pequeña, y poco puedo hacer ante la inmensa fortuna de Vincent, pero no me rendiré sin pelear. Voy a vencer a esa apisonadora millonaria. Si hubiera sabido lo que planeaba, no me habría acostado con él, y ahora estoy absolutamente decidida a ignorar la química que hay entre nosotros; pero su encanto me despista, su insistencia me irrita y sus antebrazos, su mandíbula firme y su sonrisa diabólica me exasperan. Al menos, no tengo que preocuparme de que vaya a quedarse: él mismo dice que es un trotamundos incapaz de asentarse en ningún sitio, así que no hay ninguna posibilidad de que me dé tiempo a enamorarme de él…

Un jefe, su ayudante, una tormenta de nieve y una sola cama. ¿Qué más podría salir mal? Lo llaman Doctor Perfecto. Yo lo llamo Doctor Distante, Doctor Arrogante, Doctor Si-vas-a-despedirme-hazlo-de-una-vez. Si tuviera otra opción, presentaría mi dimisión, pero, por desgracia para mí, necesito el trabajo. Así que decidí aprovechar la oportunidad de impresionarle entregándole en persona unos documentos importantes. Sí, es cierto que en ese momento se encontraba en una remota isla escocesa…, aunque yo lo tenía todo previsto… Hasta que se canceló la salida del ferry de vuelta, no encontré ninguna habitación libre en la isla y se desató una tormenta de nieve. Por lo que he acabado encerrada con mi jefe —un hombre impresionantemente guapo que casi no se sabe mi nombre— en una pequeña cabaña de solo un dormitorio en medio de la nada. Pero, a diferencia de la nieve en el exterior, su mirada helada ha empezado a derretirse, y me parece que no vamos a necesitar un generador para mantener el calor en el interior.

Año 98 d. C. El britano Flavio Ferox es un centurión regionarius a cargo de un pequeño territorio situado en la frontera más septentrional del Imperio romano. El poder de Roma empieza a debilitarse, y la resistencia de las tribus locales cada vez es más fuerte. Se habla incluso de la existencia de un gran rey en el Norte que está sublevando a las tribus, de poderosos druidas y de cruentos asesinatos rituales. Pero todo ello es ignorado por los superiores de Ferox, que piensan que son habladurías y que los informes del centurión no tienen sentido.Mientras tanto, el emperador Trajano nombra a un nuevo gobernador para Britania, Neratio Marcelo, pero este se retrasa y no termina de llegar a la provincia. Y el tiempo apremia…Todo apunta a que se producirá una confrontación titánica, y el futuro de toda Britania y, por extensión, del Imperio, pende de un hilo. Una investigación minuciosa, personajes brillantemente definidos, escenas bélicas épicas, todo ello mezclado con traidores, druidas sedientos de sangre y una trama sólida y auténtica, hacen que esta novela sea ficción histórica de primera calidad.

Año 100 d. C. Desde su base en Vindolanda, en la frontera norte de Britania, Flavio Ferox, centurión britano, presiente que el enemigo acecha por todos los frentes: caudillos ambiciosos que aguardan una oportunidad para labrar imperios propios; soldados que hablan, en susurros, de guerra y de la destrucción de Roma; nuevas amenazas sobre los hombres que vienen del mar, los hombres de la noche, hombres que odian la tierra y que solo desembarcan para devorar carne humana.