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Fue en Barracas, una barriada porteña donde el fútbol llegaba a ser tan importante como el comer, cuando un 4 de julio de 1926 doña Eulalia Lauhlé daba a luz el primero de sus vástagos al que llamaron, en honor a su marido, Alfredo. El joven pibe, que primero quiso ser aviador, poco a poco le fue cogiendo el gustillo a eso de la pelota hasta llegar a convertirse en un verdadero malabarista del balompié. Corría el mes de abril de 1944 cuando al terminar la dura jornada de trabajo acudiría presto al buzón del correo como hacía cada día, con la esperanza de recibir la buena del club de sus amores. La tristeza de antaño desaparecería de inmediato al leer preso de la emoción el contenido de aquella mágica carta. Había sido llamado para realizar la tan anhelada prueba con River Plate cuando ya casi la cabeza estaba más puesta en el cuidado de las labores de la finca que regentaba su padre en Los Cardales que en el propio fútbol. De entre los más de trescientos chavales que asistieron al «casting», fueron elegidos únicamente dos, y «Stopita» (como así lo llamaba cariñosamente su abuelo), fue uno de ellos. Desde aquel mismo momento pasaría a formar parte del equipo de la Cuarta «B» compaginando sus actuaciones con la Tercera «Especial» de River. En este primer volumen José Antonio Ariza Gálvez muestra al lector aquella etapa más desconocida comprendida entre 1926 y 1947 de un joven Alfredo que iría cumpliendo sueños a pasos agigantados hasta llegar al primer equipo de River Plate. El autor ha contado con la colaboración inestimable del propio Club de Núñez, con nombres tan ilustres como el de su propio presidente, Don Rodolfo D´Onofrio, así como el presidente del Museo River, Don Rodrigo Daskal, quienes le han facilitado un extraordinario dossier de documentos que verán por primera vez la luz tras haber transcurrido casi 75 años desde entonces, lo que dota al libro de un valor incalculable para los verdaderos amantes del fútbol de otra época, la del blanco y negro. La guinda al pastel la pone Néstor Vicente, presidente del C.A. Huracán entre los años 2003 y 2006 con el relato en primera persona de cómo vivió el debut de «El Alemán» en «El Globito» allá por 1946 y de cómo en 2003, siendo presidente del club, se produjo la visita de don Alfredo a la sede del Club «quemero».

La progresión de Alfredo Di Stéfano fue fulgurante. Tanto, que apenas unos meses desde su llegada a la entidad presidida por Antonio V. Liberti, participaría con el primer equipo en una serie de partidos amistosos, llegando a debutar oficialmente en 1945 en el campeonato junto a los Moreno, Loustau, Pedernera o el mismo Angelito Labruna (integrantes de la famosa Máquina de River), lo que le supuso un honor de niveles superlativos. Embriagado por la emoción de algún día ser importante en River y para ir adquiriendo la experiencia necesaria fue cedido al Club Atlético Huracán en 1946, donde cada una de sus actuaciones se contabilizaban por pequeñas obras de arte, para posteriormente regresar al club de la banda roja cruzada en 1947 con más fuerza que nunca y convertirse en el líder absoluto de la nueva «Máquina». Luego llegaría la selección albiceleste donde y a pesar de su suplencia inicial, acabaría por liderarla y llevarla a ganar el campeonato sudamericano del 47, conocido hoy en día como Copa América. Pero no todo iba a ser luces en el camino hacia la gloria ya que alguna sombra como la famosa Huelga del 48 y su salida repentina rumbo a Bogotá para enrolarse en las filas de los Millonarios de Colombia, son algunos de los aspectos menos conocidos que se recogen en este volumen. El resto es ya historia, la que José Antonio Ariza Gálvez plasma en estos dos interesantísimos libros que recogen minuciosamente cómo fue el periplo de la Saeta Rubia por River Plate desde 1944 hasta 1949, donde ha contado con la colaboración de los personajes más relevantes dentro del mundo del fútbol argentino como es el caso en este ejemplar del D.T. César Luis Menotti, campeón del mundo con la selección Argentina en 1978, Amadeo Carrizo, considerado el mejor guardavalla de la historia del fútbol sudamericano, sin olvidar el broche final de uno de los máximos estandartes dentro del mundo periodístico deportivo argentino como es Diego Borinsky (El Gráfico, 1993-2018).